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domingo, 12 de abril de 2026

El mar en su mirada

    Hay días que se deshacen anegados en tristeza, y este catorce de abril es uno de ellos. Incluso el cielo, que amaga con dejar caer el orballo tan típico de estas tierras, parece querer sumarse al duelo. Procesionan los coches hacia la iglesia de la Inmaculada, apodada de los Picos por su techo en forma de estrella, y los féretros se trasvasan desde los vehículos al interior del templo; rostros compungidos, algún que otro llanto y tanta inocencia truncada que hasta duele el alma. Hay días que amanecen con la promesa de ser olvidados, pero este sábado negro quedará, ya para siempre, en el recuerdo imperecedero de una ciudad.

lunes, 15 de diciembre de 2025

El precio de las cosas

Conocí a Miguel una noche de cena con unos amigos. Era extrovertido, educado y con un magnetismo particular. Congeniamos enseguida, por alguna de esas razones que resultan inexplicables al entendimiento. Cuando todos dieron la velada por concluida nosotros continuamos en un pub con olor a madera vieja y a nostalgia. Hablaba mucho, escuchaba mejor y tomaba demasiada cerveza.

domingo, 12 de octubre de 2025

Un corazón en Nueva York

     El horizonte se fundía en un azul mortecino que semejaba apaciguar el habitual ajetreo de la ciudad. Los rascacielos encendidos reflejaban su figura invertida en las aguas calmas del East River, mientras los puentes de Brooklyn, Manhattan y Williamsburg, como una incansable cinta transportadora vaciaban la isla de gente hacia los barrios residenciales, más allá del río. Desde mi posición tras el ventanal, en primer plano, las orgullosas torres del corazón neoyorkino se encogían cohibidas bajo la mole del One World Trade Center. Cada mañana, a pesar de llevar ya dos meses trabajando allí, al llegar a la oficina me temblaban las piernas, miedosa de que un avión se estrellase contra la fachada acristalada. Pero terminado ya el día, la singular vista de la ciudad no me inspiraba otra cosa que una inmensa quietud. Y sin embargo, nunca imaginé que Nueva York fuese lugar para tropezar con el amor. Tropezar, literalmente.

martes, 8 de octubre de 2024

El dulce influjo de la luna

        La frontera entre la belleza y la deformidad, entre la vida y la muerte, es tan solo una línea que culebrea sobre las formas sinuosas de la colina. Mateo se empapa del paisaje con la mirada de un niño de doce años. A un lado, centenares de cadáveres de eucalipto se sostienen a duras penas sobre la tierra quemada, gimiendo cuando el viento comba sus grotescos troncos calcinados. Del otro, el bosquecillo húmedo de hayas, robles y castaños rezuma lozanía y autoridad; aún resuena en la espesura el ¡alto! que la hojarasca impuso a las llamas que asolaron los montes dos días atrás. Todavía se huele el hollín envenenando el aire. Y no deja de sorprenderle que, a pesar de su cruel ferocidad, el fuego se haya acobardado ante el señorial porte de esos leños centenarios.

jueves, 21 de marzo de 2024

La voz de Aurora

        Me hablaba. Juro que me hablaba. Ahora, embebido de la amnesia con que el tamiz del tiempo lo criba todo, semeja tan solo la fantasía de un muchacho soñador. Pero prometo que me decía las palabras más hermosas que pudiera pronunciar ser viviente alguno. Lo juro aunque quien me escuche, me tome por loco.

Aurora era el primer lucero de la mañana, la savia que alimentaba el día. Las raíces que sostenían mi mundo. Al alba corría a su lado para saludarla antes de comenzar la jornada. Con la caída de la tarde me sentaba a su vera y la leía poemas, le susurraba canciones engranadas al mecer de las hojas y de vez en cuando, le decía piropos. Y me parecía que se ruborizaba, y la escuchaba reír, ingenuo de mi, como el agua bajando por la torrentera. Y me hablaba, lo juro. Lo hacía a pesar de no ser yo más que un pobre rapaz huérfano que vivía de pastorear algunas reses, allá en una aldea remota de la sierra de Ancares, donde el tiempo se entretiene a veces en deshojar margaritas. Un aldeano que leía poesía e inventaba cuentos, mas aldeano al fin y al cabo. Un don nadie enamorado de una diva.

viernes, 5 de enero de 2024

Inalcanzable

    Era como perseguir la propia sombra, impedir al agua escurrirse entre los dedos, vaciar la arena del desierto. Así era ella, inalcanzable.

Decían que era hija del embajador. Todas las mañanas aquella silueta contorneada en arabescos aparecía en clase. Su melena pelirroja abrasaba el aire, lanzando un vahído que encendía mis mejillas. Siempre llevaba algo a juego: un abrigo encarnado, las medias escarlata aflorando bajo su falda, un jersey granate que le encorsetaba el busto o una camiseta de Mickey Mouse. Y yo solo imaginaba, pobre de mí, si Ninette había decidido vestir a juego también aquello que no podía verse.

Se le dibujaban constelaciones en las orillas de la  boca las pocas veces que conseguía hablarle. En realidad, Ninette siempre sonreía. Así transcurrió el curso, enganchado al olor traicionero de su perfume. Y tras el verano, Ninette no volvió.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Lúa y las estrellas

    Era duro el viejo, tanto que parecía que iba a durar eternamente. No lo mató la silicosis que a fuerza de años de trabajo en la mina fue socavando sus pulmones. Tampoco la gripe del dieciocho, ni el hambre de la posguerra, ni las palizas que durante dos días recibió en el cuartel de la Guardia Civil. Y sin embargo allí estaba, tan tieso como una vara de mimbre. Al menos la dama de la guadaña tuvo a bien no castigarlo con los mismos padecimientos que soportó en vida, y la muerte le sobrevino a Dositeo Loureiro una noche del 54, en cama mientras dormía. Las mujeres de la aldea acudieron esa mañana para acompañar en su llanto a la viuda y sus hijas. De los hijos varones, solo Ezequiel seguía en casa. Ramón andaba emigrado en Venezuela y Antonio marchara hacía tres meses a trabajar la hacienda del señor Rodrigo, a una jornada de camino.

martes, 7 de marzo de 2023

La playa

Este relato participó en el concurso de relatos #Historiasdemujeres de Zendalibros. Se trata de una versión actualizada y reducida de un relato que escribí hace ya muchos años, que he rescatado para la ocasión. Espero que os guste.


La Playa

El sol se despereza rasgando el alba, asoma sobre las aguas de un mar todavía adormecido. Sabe lo que está a punto de acontecer y ha reservado un asiento privilegiado.

Despunta el primer lucero que decora la mañana, ella llega a la hora acostumbrada, liberándose el cuerpo de las ropas que lo enjaulan. El cielo se ruboriza de encarnado, la mar suspira en cada envite por regalarle sus caricias, la brisa se empeña en erizarle la piel mientras la roza. Avanza por la playa vestida solo de un pudor aletargado y sumerge sus formas alabeadas en el abrazo infinito del mar. Neptuno brama por arrebatarla, mas Eolo también la reclama, justo equilibrio el que la mantiene a flote. Emerge del océano tiritando, diminutas gotas saladas fracasan en un intento por vencer las inmutables leyes de la física, aquellas que lo consiguen fenecen entre los brazos de una vulgar toalla.

sábado, 8 de octubre de 2022

La luna en su sonrisa

    Tres siglos. Apenas un suspiro en los entresijos de la historia, pero una carga pesada en exceso para descansar sobre los frágiles hombros de una niña. Una niña que se adentra en la adolescencia, que ansía deshacer los nudos que constriñen su libertad, una joven que despierta al amor. Sus ojos azules de mirada cándida han visto desfilar ante sí dieciséis primaveras; seguirá cumpliendo años, pero esa inocencia que sus padres mimaron entre sábanas de seda quedó definitivamente atrás. Ahora, lejos del hogar, deberá aprender a buscar su propio camino en el bienio de internado en tierra extranjera que tiene por delante. A veces, enmadejada con la almohada, se siente minúscula y las lágrimas afloran para recordarle que no es fácil crecer deprisa. En otras ocasiones se alegra de poder hacer y deshacer sin que un ojo inquisidor fiscalice todos sus actos. Es entonces cuando escucha la voz grave de su padre, que le recuerda quién es y para qué ha nacido. Tres siglos, Alejandra, tres siglos de historia preceden a nuestra dinastía, ocupando un trono que muchos desearían ver vacío. Tú eres la heredera, sobre tus espaldas recae la responsabilidad de continuar un legado centenario. Sé digna de ello. La princesa, futura reina si Dios y las circunstancias lo permiten, cierra los ojos y sueña, sueña que corretea por un campo sembrado de flores y que nadie, tan solo el viento, es capaz de alcanzarla.

martes, 8 de febrero de 2022

Au revoir, mon amí

La isla se pierde en el horizonte, recortada contra el cielo azul pálido del amanecer. Desde el barco diviso sus cumbres picudas envueltas en neblina, antes de darles la espalda. Jamás volveré a pisar su suelo. Todo empezó de la forma más inesperada, como suelen comenzar las grandes historias.

 

El bullicio henchía la taberna aquella noche de diciembre. Era el año 1808, y yo apenas una jovenzuela que servía viandas a quienes se resguardaban de la nevada a unas leguas de Tordesillas. Se abrió la puerta de forma abrupta y junto con un aire helado entraron unos gabachos uniformados. Desalojaron la estancia, exceptuando al dueño y la servidumbre. No tardó en aparecer una comitiva de hombres altivos, vistiendo ropas engalanadas de condecoraciones. Sentáronse a una de las mesas y ordenaron que se les sirviera vino, lo cual me apresté a hacer sin dilación. Varios de los generales no tuvieron reparo en recrearse en la linde de mi corpiño y alguno hizo el amago de deshacer el lazo que cerraba el escote, ante las risotadas de sus compañeros.

martes, 15 de diciembre de 2020

Romasanta. Memorias de un Licántropo

Me llamo Manuel Blanco Romasanta. Y soy un hombre lobo.

Aunque resulte inverosímil, durante años fui víctima de una maldición que, en las noches de luna llena, me impulsaba a transformarme en semejante criatura y vagar por los montes Orensanos cerca de mi aldea natal de Rebordechao, en busca de comida y sangre fresca. Carne humana, claro está. Quien conozca los pormenores del posterior juicio sabrá que no andaba solo en mis correrías; otros dos desdichados participaban en la orgía de miembros desgarrados y vísceras, que devorábamos con ensañamiento.

Hambre, miseria, incultura… todo ello formaba parte de la Galicia rural de principios del XIX y, por qué no decirlo, del resto de este país por el que no siento apego alguno. Los monarcas pendencieros Fernando VII, llamado primero El Deseado y luego con mejor tino El Rey felón, junto con su descendiente La de los Tristes Destinos, Isabel II, ninfómana donde las haya, reinaron durante los funestos años de mis correrías. No me hubiera disgustado hincar el diente a cualquiera de ellos. Al menos sabría ahora, por fin, cual hubiera sido el sentido, el feliz sentido, de mi existencia.

miércoles, 26 de febrero de 2020

El valor de una vida


¿Cuánto vale una vida? Hace tiempo que intento responder esta pregunta y tan solo ahora creo haber encontrado la respuesta.
Me bautizaron Virginia. Mancillé ese nombre a los trece años en el desvencijado asiento de un seiscientos, entre caricias prestadas y sorbos de pasión y ginebra. Siempre viví deprisa, sentía demasiado vértigo como para detenerme a contemplar la existencia con la laxitud que envenena al común de los mortales. Pero no se puede correr eternamente.
Cierto espíritu inconformista y la influencia de un profesor de militancia bohemia consiguieron empujarme a estudiar periodismo. Fueron los años del amor libre y la crítica a un sistema que nos oprimía, el paso por la universidad me dio la oportunidad de rebelarme haciendo honor a las dos cosas. En poco tiempo obtuve también una licenciatura en carreras delante de los grises. No estaba hecha para pasar el día sentada en una oficina, y la sección de sucesos se me antojaba una gigantesca opereta para entretener a las masas, así que enseguida comencé a peregrinar por el mundo cargada con toneladas de inocencia y los ochocientos gramos de mi Canon F1.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Ave María

Suena una voz apocada, parapetada tras una rendija, apenas un hilo acunando el silencio que a esa hora se adueña de todo. Musita las palabras como si le costase pronunciarlas, tal vez con vergüenza, quizás incluso con culpa. Él la esperaba y allí está de nuevo, como cada semana.

    — ¿Otra vez? 

El Padre Damián trata de animarla a hablar, el tono es conciliador, pareciera que aquella alma atormentada no tuviese más apoyo que el suyo. No hay reproche en sus palabras, tan sólo una invitación al desahogo.

    — Otra vez, Padre.
    — Te escucho.

Silencio. Son pocos quienes visitan el templo a esa hora temprana. Algunos pasos se dejan oír ocasionalmente en la lejanía. El crepitar de los cirios disipa la incomodidad de la pausa que precede a la tormenta, al tiempo que dispersa un olor puro que los envuelve.

domingo, 20 de mayo de 2018

Hasta siempre, soledad

Encontré aquel lugar en Barcelona de casualidad.

La plaza forma un cuadrado delimitado por la iglesia de un viejo monasterio barroco y  varias fachadas renacentistas. Hay en su centro una fuente octogonal labrada en piedra con un surtidor en medio, junto a la fuente un árbol espigado y a su vera, la soledad.

No es una visitante ocasional que aparece y desaparece a su antojo. Ella forma parte del entorno, como los vetustos adoquines que tapizan el suelo o el rosetón que emulando un ojo omnipotente todo lo observa desde la fachada de la iglesia. Ella vive allí y sin su presencia la plaza no sería la misma.

Me hallaba en la ciudad por trabajo y a la noche me gustaba salir a pasear hacia el barrio Gótico. Deambulando sin un rumbo fijo el lugar se me apareció como por ensalmo. Tiene tan sólo dos entradas, la primera llegando desde un callejón estrecho y oscuro junto a la Catedral tras pasar bajo un arco entre dos casas, y otra en el extremo opuesto hacia el corazón del casco histórico. Desde entonces tenía por costumbre parar allí antes de ir a dormir. Supongo que nunca he sabido muy bien cómo encontrarme conmigo mismo.

martes, 1 de mayo de 2018

Al final del arcoiris

Tenía doce años y no pocas ilusiones. Todos los días caminaba dos kilómetros hasta la escuela y otros tantos a la vuelta. Parte del trayecto me acompañaba Jenny, una niña un año mayor que yo. Jenny era diferente a cualquier otra chica, de hecho no tenía que ver con la idea que alguien pudiera hacerse de una niña de su edad. En cierta ocasión se enfrentó a un grupo de muchachos que no dejaban de acosar a una amiga y el líder se llevó tal golpe que tuvieron que coserle la ceja. A Jenny le costó un labio abierto y una semana de expulsión, pero jamás nadie se atrevió a encararse con ella. 

¿Nunca te has preguntado qué hay al final del arcoiris? —me miró torciendo el gesto, como si la hubiera interrogado de la forma más ingenua.

Me crié en tierras de extensas llanuras cubiertas de cultivos e interminables pastos. Mi familia era pobre, había nacido el cuarto de cinco hermanos y vivíamos en una cabaña en medio del campo, algo alejados del pueblo más cercano. Una exangüe carretera cruzaba el llano, apenas transitada por algún coche de manera intermitente. Ha pasado el tiempo pero ese recuerdo permanece anclado en mi memoria. Los paisajes y colores que nos acompañan en la infancia tienen la magia de confundirse con nuestra esencia. Y aquellos fueron los míos.

martes, 9 de enero de 2018

Un chico sincero (Parte I de II)

Julio Carrascosa estaba sentado frente a la espaciosa mesa de trabajo, del otro lado el Doctor Bermúdez terminaba su sesión semanal con el muchacho. Era el suyo un caso difícil, una rareza de esas que se tenía la suerte, o la desgracia dependiendo la paciencia del profesional con el que topase, de encontrarse una única vez en toda una carrera. Pero aunque Bermúdez se hallaba ya en la recta final de su dilatada trayectoria, la dolencia representaba un reto en el que volcaba todos sus esfuerzos con la ilusión de un primerizo. Tras las gafas de montura de pasta que disimulaban unas cejas en exceso pobladas el médico repasaba las notas con que había llenado el cuaderno esa tarde. De vez en cuando se rascaba el pelo encanecido que a ambos lados de la cabeza delimitaban su prominente calva.

lunes, 27 de junio de 2016

La frase tonta de la semana



Tras casi seis meses, más de 30 participantes, 5 duelos y mucho trabajo, éste es el relato que presenté a la final del Torneo de Escritores de www.tusrelatos.com.  Tuve el placer y al mismo tiempo podríamos decir desgracia de competir con un gran rival, mi compañero Paco Castelao, que estuvo a la altura de lo que se esperaba en un evento de éstas características, presentando un excelente trabajo. Sólo el hecho de haber participado y tener la suerte de haber llegado hasta aquí ha merecido la pena. ¿El resultado? A quien tenga curiosidad lo animo a seguir leyendo, pero no vale hacer trampas, los atajos no sirven en ésto de la literatura.

*****
El sol se ponía tiñendo de rojo el horizonte y dibujando un reflejo escarlata sobre el espejo de la ría. Lo vi agazaparse tras las islas que cierran la ensenada, para terminar besando aquellas aguas que a principios de la primavera aún debían estar demasiado frías. Una historia de amor envidiable, pensé, pues el paso de los eones no había sido capaz de romper su hechizo.

domingo, 31 de enero de 2016

Trece años en éste mundo


Cuando era niña mi madre nos prevenía contra toda clase de supersticiones. Era la típica señora que daba un rodeo cuando en mitad de la acera un obrero tenía colocada su escalera. Nunca dejaba el salero sobre la mesa por temor a que alguien pudiera derramar su contenido y ni ebria de vino se le ocurriría abrir un paraguas bajo techo. Yo era la tercera de seis hermanos y todos nos tomábamos a broma sus supercherías. No podía imaginar entonces que el número trece marcaría mi vida. Quizás de haberlo sabido hubiera considerado de otro modo sus manías.

Crecí en una familia de clase humilde. Abandoné la escuela a los dieciséis años, más por apatía que por falta de capacidad para los estudios. A esa edad el mundo se ve con los ojos de los sentidos y mi caso no era una excepción. Mataba el hastío viviendo de noche y frecuentando discotecas, a pesar de las continuas desavenencias con mis padres. La falta de dinero nunca supuso un problema. Era una joven esbelta y de elevada estatura, con una hermosa melena negra y ojos verdes que según decían parecían tener un poder hipnótico sobre los chicos. Además, no me faltaba desparpajo y siempre conseguía que alguno me invitase a una copa. Me gustaba aquel ambiente, la música, el baile, el sabor del ron y sobre todo… ¡me gustaba el sexo!

jueves, 22 de enero de 2015

La Playa



El sol se despereza rasgando el alba, asoma lentamente sobre las aguas de un mar todavía adormecido. Sabe lo que está a punto de acontecer allá en la playa y ha reservado asiento en primera fila.

Ella llega a la hora acostumbrada, es el primer lucero que adorna la mañana, desbanca en el difuso firmamento a la Diosa del Amor, la Venus cuyo nombre decidieron inmortalizar los Hombres para que sus hijos no olvidasen aquello que rige sus destinos.

El dibujo de sus formas aderezadas con un sutil contoneo deja sin respiración a una brisa que se ahoga, dos pies menudos recortan su silueta en la fina arena. Se para ante las olas juguetonas, la saludan con reverencias que van a morir en la orilla y ella corresponde liberándose el cuerpo de las ropas que lo enjaulan. El cielo se ruboriza de encarnado, la mar suspira en cada envite por regalarle sus húmedas caricias, la brisa se empeña en erizarle la piel con cada roce.

miércoles, 21 de enero de 2015

Lágrimas de Agosto

Recuerdo aquella noche como si el tiempo no hubiese transcurrido, la noche en que empezó todo.

Corría el mes de agosto y las cigarras cantaban adormecidas a la caída de la bochornosa tarde con la que nuestro amigo Lorenzo nos había castigado. "Tengo una sorpresa para ti", te había susurrado al oído mientras tu padre nos daba la espalda en animada plática con mi abuelo, "esta noche, a las doce, junto al viejo hórreo". Tus ojos de niña de ciudad me miraron incrédulos, pero la sonrisa adolescente que te hizo curvar los labios traicionó tus más secretos pensamientos. Me bastó tu asentimiento tímido, mientras por el rabillo del ojo te asegurabas de escapar a la vigilancia de tu severo progenitor, para saber que consentías en nuestra cita.

Hacía un par de semanas que disfrutabas de las vacaciones en el pequeño pueblo, dos semanas que se me habían antojado otros tantos meses. Yo llevaba el mismo tiempo deleitándome con tu compañía, la soledad que azotaba mis días en la aldea se había diluido, como por arte de magia, entre el manantial de tus risas. Las quince primaveras que arrastrabas parecieron multiplicarse cuando te levantaste sin reproches ante el requerimiento de tu padre, a quien el hambre acuciaba ya en el estómago, mas volviste de nuevo a la niñez en el momento en que con disimulo me guiñaste un ojo al despedirte.