Conocí a Miguel una noche de cena con unos amigos. Era extrovertido, educado y con un magnetismo particular. Congeniamos enseguida, por alguna de esas razones que resultan inexplicables al entendimiento. Cuando todos dieron la velada por concluida nosotros continuamos en un pub con olor a madera vieja y a nostalgia. Hablaba mucho, escuchaba mejor y tomaba demasiada cerveza.
—No
hago planes a largo plazo. Yo moriré joven, lo sé— me dijo.
—Si
sigues bebiendo así, puedes estar seguro.
—¡Ah!
No será el alcohol lo que me mate.
—¿Y
que será, pues?
—La
magia, Vera— el atisbo de resignación en su mirada me hizo dudar sobre si
hablaba en broma — ¡será la magia!
No
lo entendí entonces y aún hoy dudo si comprendo en toda su esencia lo que
ocurrió luego. Pero ocurrió, y no me arrepiento.
El
destino fue caprichoso y no coincidimos hasta unas semanas después. Me pareció encontrarlo
algo cambiado, un pequeño mechón encanecido y la vida pesándole más en la
mirada. Esa tarde de noviembre comimos en un restaurante del barrio de Santa
Cruz y nos regalamos un paseo a orillas del Guadalquivir. Comenzaba a
desperezarse el crepúsculo cuando regresábamos caminando desde el puente de
Triana. La esbeltez iluminada de la Giralda en el horizonte azuzaba envidias.
—Ha
sido muy agradable, Vera. Me gustaría quedarme más, pero tengo un compromiso.
—Seguro
que lo disfrutarás también— reí.
—Más
bien se trata de una obligación.
—Entonces
déjame acompañarte y repartimos la obligación a medias.
Le
guiñé un ojo. Su rostro serio hizo que me arrepintiera casi al momento.
—Perdona,
son tus cosas, no tengo derecho a entrometerme— balbuceé.
Sonrió
y me tendió la mano. Los segundos se estiraron hasta que me decidí a aceptarla.
Quemaba. Pusimos rumbo al corazón de la ciudad.
El
interior olía a desinfectante. En un despacho nos recibió un hombre de bata
blanca. Al verme se le descompuso la expresión.
—No
hay problema, es de confianza.
No muy convencido nos acompañó por los pasillos. Se me encogió el corazón al acceder a la unidad de oncología, pero todavía fue peor cuando entramos en la habitación. Dormitaba, sobre una cama, ¡un niño de apenas siete u ocho años! Miguel se arrodilló y tomó la mano del muchacho, que por momentos entreabría los ojos. Yo me arrebujé a su lado. Ninguno dijo nada, no era necesario. No recuerdo con cuantos tic-tac nos flageló el tiempo. Nunca me había embargado tanta paz como en esos minutos, en los que los tres parecíamos respirar como uno solo, latir como uno solo y sentir como un solo cuerpo.
Cuando
salimos me temblaban las piernas, le pedí que me acompañara a casa. Lo invité a
subir. Y nadie, jamás, me amó como él lo hizo aquella noche.
Cinco
días más tarde, por la mañana. Yo había dormido en su piso. Miguel se levantó a
darse una ducha. Sonó el teléfono fijo y descolgué. Escuché la voz asustada de una mujer preguntando por él.
—Ahora
no puede ponerse, ¿le doy algún recado?
Silencio,
solo una respiración entrecortada.
—¿Sigue
ahí?
—Sé
que no debería tener este número, pero… soy la madre de Gabriel.
—¿Perdón?
—Está…
¡es un milagro! correteando por la casa. Tenía un cáncer terminal. Dígale que
nunca podré agradecérselo lo suficiente. ¡Dígaselo, por favor!
Colgó.
Cuando Miguel apareció con la toalla envuelta a la cintura yo seguía clavada en
medio de la habitación, pálida. Lo miré a los ojos y me fijé en su ceño más
surcado de lo que recordaba.
—Ha
llamado la madre de Gabriel. Así que esa era la magia.
Se
puso algo de ropa y ambos nos sentamos sobre la cama.
—No
encontraba la forma de contártelo. Ahora ya lo sabes.
—Pero,
¿y tú? ¿y nosotros? A veces hay que ser algo egoísta, Miguel.
—Lo
sé, lo he pensado muchas veces y la respuesta siempre es la misma. ¿Qué es una
vida comparada con decenas, con cientos? Yo nunca quise este poder, pero lo
tengo y no puedo, ¡no puedo guardármelo! Todos debemos pagar un precio, Vera, y
este es el mío.
Quise
replicar, hablarle de un futuro juntos, formar una familia, suplicarle un te
quiero. Pero de mis labios no brotaban las palabras y de mis ojos, solo
lágrimas. Su mano siempre cálida me acariciaba el hombro. Afuera la ciudad
hablaba, gritaban los niños, suspiraban las copas de los árboles y un pájaro le
trinaba al nuevo día. Y yo, yo solo lloraba.
Fuimos
uña y carne durante cuatro primaveras. Nuestros días duraban veinticinco horas, las
semanas ocho días. Apuramos cada instante, toda conversación y cada beso. Cada
noche de pasión me hacía ser mas él. Miguel lo sabía, y le aterraba. Cuando
llegó el final sostuve su mano en la cama de un hospital, como tiempo atrás. Estaba
fría.
—Vive
los años que te resten, y sé feliz. No me recuerdes más que para esbozar una
sonrisa, no para derramar una lagrima —le costaba hablar— Tú no tienes por qué
pagar el precio.
No
le hice caso.
Hoy
ha sido mi primera vez. Es una sensación extraña, entre euforia y melancolía. Así
es la magia, la vida y la muerte dándose la mano. Al llegar a casa me refresco
el rostro mientras desafío al espejo. Acerco las palmas a mis mejillas, queman,
igual que ardían las suyas. Adivino una expresión cansada, el ceño quizás más
arrugado. Y un par de canas que ayer no asomaban.


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¡Qué participación más apropiada para las fechas navideñas! Anhela un servidor que se prodigara Máter Natura con estos poderes preternaturales desinteresados calados de Humanismo, Filantropía Psíquica y Bienaventuranzas certeras! ¡¡¡ Me río yo de otros tratamientos (dicho sea con cariño: Es para engrandecer más tu ocurrencia)!!!!!!!🌍
ResponderEliminarHola Juan, no pensé que se puedieran conjuntar en una misma frase el humanismo, la filantropía psíquica y las certeras bienaventuranzas, pero para tí no hay límites jaja. Gracias por comentar. Un abrazo.
EliminarHola, Jorge, qué bonito... La magia debería existir, lo malo es que no todo el mundo tendría esas mismas intenciones y corazón, la maldad existe y se aprovecharían de eso. Te felicito por tu relato, muy bien narrado y original.
ResponderEliminarUn abrazo. 🤗
Hola Merche, una decisión así no sería fácil de tomar, desde luego, yo no juzgaría ni esa ni su contraria. Muchas gracias por comentar. Un abrazo.
EliminarHola Jorge, una propuesta muy interesante, tierna y bella. Hoy cuando pareciera que solo vemos en el mundo egoísmo, tu relato es un bálsamo para el alma. Esa magia especial que cura. pero que tiene un precio me parece muy original. Me gustó mucho. Saludos.
ResponderEliminarHola Ana, todos somos generosos egoistas en alguna medida, serlo generoso en las circunstancias que se cuentan en el relato sería desde luego encomiables. me alegro que te haya gustado. Un abrazo.
EliminarPrecioso relato, Jorge. Muchas felicidades.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Chema, un abrazo.
EliminarAy, Jorge. Qué maravilla de relato. Amor, entrega y generosidad máxima. Pura magia. Una historia preciosa, elegante y llena de ternura tanto en la forma como en el fondo. Me ha gustado muchísimo.
ResponderEliminarHola Marta, pues muchas gracias por tus generosos elogios, me alegro mucho que te haya gustado. Un abrazo.
Eliminar¡Genial, compañero Jorge, extraordinario!
ResponderEliminarEste nuevo relato tuyo ya me ha recordado a los que tuve la suerte y el placer de leerte en mi etapa anterior en El Tintero, con ese elegante y exquisito estilo literario, y con una historia con magia, sí, pero emotiva y entrañable al máximo. Has otorgado al poder curativo y mágico del protagonista la característica de poderse transmitir a la persona amada con una naturalidad que sólo puede producir admiración y envidia, no sé si sana..., je, je, je.
¡Me ha encantado!
¡Enhorabuena y Felicidades! Eso sí, NO te voy a desear suerte en el concurso porque NO la vas a necesitar.
Te envío un fuerte abrazo.
Hola Patxi. Muchas gracias por tus generosas palabras, la surete en la vida siempre hace falta en todo, pero yo soy de los que piensan que la suerte no sustituye a la perseverancia. Un abrazo, Patxi.
EliminarEstimado Jorge. Todo mi respeto a tu escritra. Mira que llevo años leyéndote y has crecido tanto como si lo hicieras sobre una plataforma. Pero este, el milagro de la vida/el precio de la muerte... o al revés tine un halo especial que me h allegado al fondo de la escritora que pretendo ser. Así me gustaría escribir a mi. No soy dramática, ni edulcorada, ni me gusta llevar la tragedia a su máxima consecuencia, en el punto justo has escrito, Jorge.
ResponderEliminarSensibilidad, frases para enmarcar que araña el espíritu, y eso es la magia de tu escritura.
No voy a señalar todo lo que me ha gustado porque resaltaría casi todo.
Solo eso, compañero, ya ves que me ha en-can-ta-do.
De Matrícul de honor, que lo sepas.
Hola Isabel, pues si que llevamos años leyéndonos, y es curioso esto de la literatura porque intentamos escribir ese relato que siempre hemos deseado escribir y fracasamos una y otra vez hasta que un día, no se sabe por qué, sale algo que gusta de verdad. Y luego, otra vez vuelta a empezar. Entre nosotros Isabel, tú ya escribes así. Muchas gracias por tu generoso comentario. Un abrazo.
EliminarEs una historia de amor condenada desde el principio, pero contada con tanta ternura y resignación que duele de pura belleza. Miguel, con su poder sanador que le roba vida a cambio de salvar a otros (especialmente niños con cáncer), es un héroe trágico disfrazado de hombre normal: extrovertido, magnético, bebedor empedernido que sabe que “morirá joven” por “la magia”. La escena en la habitación del hospital con Gabriel, los tres respirando como uno solo, es de una intimidad y paz abrumadoras; y la noche de pasión posterior, un regalo efímero que sabe a despedida. Vera, la narradora, es el contrapunto perfecto: curiosa, valiente, enamorada hasta el tuétano, incapaz de ser egoísta aunque lo intente. Su evolución final —heredando el poder, asumiendo el precio, mirando al espejo con canas nuevas y manos que queman— es un cierre maestro: el amor no salva de la muerte, pero sí perpetúa el sacrificio. No hay redención fácil; hay continuidad, transmisión, un ciclo de dar vida a costa de la propia. La prosa es elegante, sensorial (el olor a madera vieja y nostalgia, la Giralda envidiada, las manos que queman, el tiempo que se estira o se flagela), y los diálogos suenan reales, cargados de lo no dicho.
ResponderEliminarFelicidades.
Hola Marcos, bueno si has decidido que tu vida durará solo unos pocos años, la escala de valores con respecto al resto de los mortales cambia. Hay un rasgo de Vera que describes muy bien "incapaz de ser egoista aunque lo intente", cierto, y que difícil es eso. Muchas gracias por tu generoso análisis Marcos. Un abrazo.
EliminarMe cachis en la mar salada, Jorge... casi me haces llorar.
ResponderEliminarY el casi es porque no puede ser más largo y justo cuando notaba un nudo en la garganta, llega el final.
Pocas veces un escrito me emociona tanto. Muy pocas, Jorge.
Hola Noelia, pues no es que me guste que llores pero que alguien diga que un relato propio transmite hasta ese punto, es todo un halago. Muchas gracias. Un abrazo.
EliminarMuchas gracias, Jorge, por participar en la 49ª edición de El Tintero de oro en homenaje a Pratchett. Un abrazo y suerte!
ResponderEliminarGracias a ti pepe, por hacerlo posible. Un abrazo.
EliminarGracuas! No sé decir más. Un conmovido abrazo.
ResponderEliminarPues gracias a ti Juana. Abrazos.
EliminarBueno al menos hizo un milagro (o mejor presenciamos uno de eso) ya que haya una fatalidad o un precio a pagar es otro asunto. bien por la madre del chiquillo, fue agradecida.
ResponderEliminarHola Jose, pues si, un precio alto. Un abrazo.
EliminarMaravilloso relato
ResponderEliminarGracias Igor
EliminarHola Jorge, una historia magnífica Entre la magia, el darse a los demás el amor. Suerte. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Ainhoa, abrazos para ti.
EliminarEso sí que es magia generosa. Afasia no es uno por uno, si o uno por unos cuantos sños. Aunque 4 primaveras no parezcan mucho, no sé donde oí el otro día, que si dos conviven mucho con alguien ambos se terminan pareciendo.
ResponderEliminarAsí que se le pegó la magia.
Abrazooo y suerte
Hola Gabiliante. Seguro que esos cuatro años los vivieron con intensidad. Un abrazo.
EliminarLecía Víctor Laszlo a Rick en Casablanca que cada uno tenía su destino, para bien o para mal, y que luchar contra los alemanes era el suyo. Y lo aceptaba con todas sus consecuencias, como hace Miguel con su poder. Ahora Vera también abraza su destino. ¿Habrá quien la sustituya cuando llegue lo inevitable?
ResponderEliminarUn relato muy poderoso, ambientado en mi ciudad. Un abrazo enorme.
Hola Bruno. Eres el primero que comenta lo de Sevilla, siendo de ahí sería delito no hacerlo jaja, quise dejar rasgos de la ciudad sin nombrarla, estuve en noviembre visitándola y me encantó. El destino también se elige, pero no siempre es fácil aceptarlo. Un abrazo.
EliminarHola Jorge que historia tan tierna donde la magia es la aliada de tu protagonista y las lágrimas inundan el espacio.
ResponderEliminarTe felicito.
Un abrazo
Puri
Hola Puri, aliada y verdugo a un mismo tiempo. Muchas gracias, abrazos.
EliminarJorge hace tiempo que no visitos los blogs, y estoy encantada de poder leer el tuyo y este relato que me ha encantado. Espero que la magia me deje ver el horizonte y pueda volver a escribir. Aprovecho para felicitarte las fiestas. Un abrazo,
ResponderEliminarHola Mamen, pues te echamos en falta en el Tintero, a ver si te vemos pronto, seguro que la inspiración llega cuando menos lo esperes. Un abrazo.
Eliminar¡Hola! Me ha gustado "El precio de las cosas": esa magia curativa que consume la vida es un giro potente y emotivo. El cierre con las manos calientes y la frase de la magia es brutalmente poético. ¡Feliz Navidad y mucha suerte en el concurso! Un abrazo enorme.
ResponderEliminarHola Eitan. me alegro que te haya gustado, gracias por tu visita y feliz 2026!
EliminarHola Jorge!
ResponderEliminarMe ha encantado tu historia, con esta combinación perfecta de romanticismo y magia! La protagonista toma el testigo de una gran responsabilidad tras su corta pero especial historia de amor! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!
Hola Marifelita, es un testigo envenenado, pero es lo que ha decidido. Un abrazo y feliz 2026!
Eliminar¡Hola, Jorge!
ResponderEliminar¡Qué gran cuento! Ese pasar la magia de uno a otro y a la vez ir sacrificando sus propias vidas poco a poco, pues la energía se va regalando mientras se consume la propia. Cuatro años maravillosos que seguro valieron la pena.
Es una idea magnífica, tan bien acompañada con tu estilo sencillo, preciso a la vez, y tan sensible que deja huella. ¡Felicidades! Seguro que tienes un buen puesto.
Es curioso, cuando mande mi primer relato en el Tintero, "El Ópalo" también a mí me vino la idea del sacrificio a través de la sanación de los demás. Es muy distinta a tu idea, pero fíjate, en eso sí hemos coincidido.
Tu cuento es un puro sueño de navidades…
Ha sido un verdadero placer y honor compartir estos años de letras contigo :)
¡Felices fiestas e inmejorable año para ti y los tuyos!
Hola Maite. Pues algún tipo de sensibilidad tendremos Maite para haber coincidido asi en nuestros relatos. El placer es mío, y espero que siga siendo así por muchos años. Feliz 2026!
EliminarHola, Jorge! Nos traes una historia bien navideña: magia y entrega en estos tiempos de tanto yoísmo. Me encanta tu manera de decir, sin excesos, con precisión y contundencia, por ej. "No recuerdo con cuantos tic-tac nos flageló el tiempo".
ResponderEliminarY la magia es una cadena sin fin, un acto desinteresado genera otro. Excelente!
Un abrazo
Hola Mirna, cierto no son buenos tiempos para la entrega desinteresada. Muchas gracias por pasar y feliz año!
EliminarTu relato nos muestra una magia que salva, pero que tiene un precio, y enfrentarse a ese precio no afectó solo al usuario de esa magia, sino también a quienes lo rodeaban.
ResponderEliminarSalvar a otros puede costar parte de uno mismo.
Buen relato, muy emotivo.
Mucha suerte en el Tintero.
Hola Cynthia, todo en la vida tiene un precio, y hay que decidir si se está dispuesto a pagarlo a cambio de un beneficio. Un abrazo y feliz año!
EliminarEstimado y admirado Jorge, ese ORO notiene precio, te lodije ¿ehhh?
ResponderEliminar¡Enhorabuena! Un cariñoso abrazo y feliz año.
Gracias Isabel. Me he enterado del Tintero por tu comentario. Y me extrañó no verte en los nominados, tu relato me pareció de los mejores que has escrito últimamente para el Tintero (entre tu y yo, te di los 7 puntos). Que diferente valoramos a veces las historias unos y otros. Un abrazo y feliz año.
EliminarPues mil gracias por la parte que me toca. Lo cierto es que había muchos relatos mágicos y de buena factura, así que feliz por los premiados, mencionados y participantes. Tintero somos todos. Otro abrazo, campeón.
EliminarCierto, había nivel, eso siempre, los Tinteros cada vez están más caros. Un abrazo, Isabel.
EliminarMuchas felicidades, Jorge por ese merecidísimo Tintero de Oro. Feliz 2026 y a por más Tinteros. Abrazo fuerte.
ResponderEliminarMuchas gracias Ana, feliz 2026 para ti también!
EliminarFelicidades, Jorge. Un merecido Tintero de Oro por esta historia conmovedora que nos cuentas con la calidad que te caracteriza. Un abrazo galaico.
ResponderEliminarHola Carmen, muchas gracias paisana. Un abrazo.
Eliminar¡Felicidades, merecidísimo! Un oro tan brillante como el valor espiritual de tu relato. ¡Un fuerte abrazo!
ResponderEliminarGracias Maite, un abrazo para ti también.
EliminarQuerido compañero Jorge, tu perseverancia en esto de juntar palabras te ha llevado a un nivel de escritura y transmisión de sentimientos excelso, por lo que este nuevo Tintero de oro que has metido en tu zurrón es más que merecido; te felicito de nuevo por el relato, todo un regalo para quienes hemos tenido el privilegio de leerlo, y de nuevo te traslado mi más efusiva EN-HO-RA-BUE-NA por el primer premio.
ResponderEliminarY ahora, procedo a ponerme el sombrero que me quité para felicitarte.
Un fuerte abrazo, Maestro.
Hola Patxi. Muchas gracias por tan generosa felicitación, no te quites ningún sombrero, que hace frío ;) . Un abrazo!
Eliminar