viernes, 2 de noviembre de 2018

Ave María

Suena una voz apocada, parapetada tras una rendija, apenas un hilo acunando el silencio que a esa hora se adueña de todo. Musita las palabras como si le costase pronunciarlas, tal vez con vergüenza, quizás incluso con culpa. Él la esperaba y allí está de nuevo, como cada semana.

¿Otra vez? 

El Padre Damián trata de animarla a hablar, el tono es conciliador, pareciera que aquella alma atormentada no tuviese más apoyo que el suyo. No hay reproche en sus palabras, tan sólo una invitación al desahogo.

Otra vez, Padre.

Te escucho.

Silencio. Son pocos quienes visitan el templo a esa hora temprana. Algunos pasos se dejan oír ocasionalmente en la lejanía. El crepitar de los cirios disipa la incomodidad de la pausa que precede a la tormenta, al tiempo que dispersa un olor puro que los envuelve.