martes, 30 de abril de 2019

No olvidar


Han pasado los años, toda una vida con sus alegrías y sinsabores. Ahora soy una anciana que contempla el paso del tiempo desde la distancia. Atrás quedaron los lustros de una brillante carrera como magistrada en el Tribunal Supremo.

Conseguí hacerme respetar y lo más importante, que respetasen mis ideas. Siempre destaqué por defender pensamientos avanzados para la época en que vivía y no me arrepiento. Cuando la opinión mayoritaria aplaudía la aplicación de la pena de muerte como elemento ejemplarizante y, por qué no decirlo, como una suerte de venganza, que no justicia, del pueblo hacia individuos más o menos indeseables, yo sostuve la postura contraria. Hacerlo siendo mujer y en aquellos tiempos era todavía más difícil. Al final la evolución natural de las sociedades terminó por darme la razón.