sábado, 12 de mayo de 2018

La vida en el espejo

Fue una velada divertida a pesar de todo, Marta tenía que reconocerlo.

Al comenzar el curso habían alquilado la pequeña casa cercana al Campus. La encontraron por un precio módico y les pareció más cómodo que irse a un piso en la ciudad.

Noche de viernes junto a sus compañeras de estudios, Esther e Iria. Habían acudido también los novios de ambas, Jose y Marcelo. Ideal para olvidar la dura época de exámenes, le dijeron. Cena rápida con unas pizzas que habían encargado por teléfono, El sexto sentido en el televisor y para terminar, la sesión de ouija que sus amigos se habían empeñado en realizar a pesar de los reparos iniciales de Marta.

¿Ves como no ha ocurrido nada, boba? —le recriminara Iria mientras daba cuenta de la pizza que había sobrado.

A lo mejor tenía miedo de que un espíritu se escapase del vaso, ¡Uhhhh…! —se burló Jose.

A ésta el fantasma le saldrá del espejo, de tanto que se mira en él —apuntó Esther.

¡Una vida en el espejo! —habían coreado sus amigos al unísono, entre carcajadas.

Menudo sanbenito que me habéis cargado —se quejó ella.

Un día deberías plantarte ante él y así como quien no quiere la cosa, ¡recitar nueve veces Verónica! —rió Marcelo.

La estúpida leyenda urbana esa —se enfurruñó Marta — ¿Se supone que si lo hago el fantasma de Verónica se me aparecerá después de muerta, no?

Pobre Verónica, si no ha tenido suficiente con morirse de forma trágica, ¡encima tendrá que volver para lidiar con Doña Narcisa! —continuó Esther ante el regocijo de todos.

¡Bueno ya está bien! —zanjó Marta —ya que nadie se molesta en recoger la mesa, tendré que hacerlo yo.

No te enfades Martita —terció Iria mientras la acompañaba hasta la cocina —que sabes que estamos de broma.

Ahora Marta estaba de pie ante el espejo.

¡Verónica, Verónica, Verónica! —Iria y Esther habían aparecido detrás suya haciendo aspavientos muertas de risa, después de que los chicos se hubieran marchado.

¡Pero que tontainas sois!

Ahora Marta estaba de pie ante el espejo. Sola.

La cara embadurnada de crema antes de irse a dormir, el silencio por único acompañante. Contempló la profundidad de sus ojos y la asustó su propia determinación.

Verónica.

Una media sonrisa le asomó en el rostro. Sintió el cosquilleo de lo prohibido bailándole en el estómago.

¡Verónica, Verónica, Verónica!

Aquél juego la divertía. La tensión que se marcó en sus facciones la hacía todavía más hermosa, se dijo. ¿Cuántas veces habían pronunciado aquel nombre sus amigas, tres? Aún le faltaban dos intentos. Por un momento se sintió estúpida con aquella tontería, pero ¿Y si…?

Verónica.

El espejo le devolvió esta vez una sonrisa amplia, al borde de desalojar una carcajada. Componía un rictus diabólico que la excitaba. Movió los labios, vocalizando el nombre maldito sin pronunciarlo. Entonces el corazón le dio un vuelco. Todos sus músculos se tensaron y balbuceó una maldición.

Sonaba el móvil. Lo había dejado sobre el lavabo.

Lo tomó con las manos húmedas. Llamaban con número oculto. Finalmente descolgó. No podía acercarlo al oído a riesgo de que se llenase de crema. Pulsó el manos libres.

¿Diga?

Silencio.

¿Quién es?

¿Verónica?

No, soy… soy Marta — logró balbucear una respuesta.

Perdón, me he equivocado

El pitido de la línea la devolvió a la realidad. ¿Habría contado aquella palabra para sumar las nueve malditas? Aunque sabía que todo era un juego, no podía alejar el miedo. Levantó la vista hacia el espejo y esta vez la muchacha que la miraba lo hizo con un rictus de angustia. Se volvió hacia ambos lados temiendo encontrarse con el fantasma de Verónica, pero allí no había nadie. Sus dos amigas debían haberse marchado ya a sus habitaciones. Decidió irse a la cama. Hasta llegar a su cuarto fue encendiendo todas las luces, doblando temblorosa cada esquina. Le pareció que las sábanas estaban más frías de lo habitual.

No concilió el sueño. Empezando a adormilarse, un sonido la devolvió a la vigilia. Un sonido que en realidad esperaba.

¿Iria, Esther? 

No respondieron. Se levantó y caminó hacia la puerta. Sus pies descalzos sentían el tacto mullido de la alfombra. Al llegar al umbral dirigió la vista hacia la hondura del pasillo. Los ojos tardaron en acostumbrársele a la oscuridad. No parecía haber nadie. Escuchó de nuevo el ruido. Sonaba como un lamento. Ella sabía que era un lamento.

Tanteó en busca del interruptor pero en lugar de luz fue la fría oscuridad la que siguió acompañándola. En el fondo sospechaba que era eso lo que iba a ocurrir. Se obligó a adentrarse por el pasillo, su longitud se le antojó grande en exceso. No hay nada que temer, se dijo, sabes que no hay nada que temer

Y a pesar de ello, temía.

Su objetivo era la puerta de acceso al salón, allá al final del corredor. Caminó tanteando las paredes, vestida tan sólo con el blanco camisón que la asemejaba a un espectro. Cayó en la cuenta de que podía escuchar su propia respiración, al margen de eso ya no se oía nada. Cuando alcanzó el umbral le pareció que había transcurrido una vida entera. Al fin se asomó al salón.

Paseó la vista por la estancia tratando de enfocar los objetos a la tenue luz que desde la calle se colaba por el ventanal. Creyó adivinar una forma difusa estirada sobre el sofá. Comenzó a acercarse hacia ella, pisando el parqué frío. Le sudaban las manos al tiempo que notaba un palpitar cadencioso en las yemas de los dedos. La forma se hacía cada vez más nítida. Entonces se hizo la luz.

Marta esperaba lo que podría ver, pero aun así el corazón se le encogió y sus pulmones se negaron a aspirar una sola bocanada de aire. Sobre el sofá yacía el cuerpo de una mujer con su cabello arremolinado en desorden colgando hasta casi tocar el suelo. Entre la maraña de pelos que le tapaban el rostro se adivinaba una expresión grotesca, congelada en un instante que parecía eterno. Vestía un pijama cuyo tono en verde claro se veía salpicado por abundantes manchas que parecían sangre. De uno de sus costados emergía un cuchillo con la mitad de su filo clavado en el cuerpo. Transcurrieron un par de segundos antes que de sus cuerdas vocales pudiera salir algún sonido. Cuando lo consiguió, profirió un grito desgarrador.

Lo que ocurrió a continuación sucedió tan deprisa que a quienes lo vivieron, les costó más tarde recordarlo con precisión.

La chica del sofá se levantó entre espasmos, mientras acompañaba el grito de Marta con otro de semejante intensidad.

Con el pulso tembloroso Marta abrió un cajón, que terminó por caer al suelo con estrépito.

Desde detrás del sofá emergieron un hombre y una mujer que levantaron las manos con las palmas hacia arriba al tiempo que exclamaban entre risas.

¡Sorpresa!

Marta se agachó y tomó un objeto con una de sus manos. 

Procedente del recibidor asomó otro hombre, doblándose sobre su propia cintura entre carcajadas.

Marta se incorporó con el rostro desencajado. En la mano derecha llevaba una pistola.

Iria, con el pijama embadurnado de oscuras manchas rojas que habían supuesto vaciar dos botes de Ketchup, gritó un “¡No!” desesperado.

Se escucharon dos disparos. Iria se desplomó, rebotando su cuerpo inerte contra el sofá.

Esther lanzó un grito agónico mientras se cubría el rostro con ambas manos y escapó corriendo hacia el interior de la casa en dirección a las habitaciones.

¡Por Dios qué has hecho Marta, qué has hecho! ¡Todo era una broma, Iria nos convenció para gastarte una broma! ¡Ahora está muerta, la has matado! —Jose gritó fuera de sí, mientras Marcelo se abalanzaba hacia Iria con los ojos llorosos.

Marta soltó el arma, que fue a golpear el suelo. Lucía una expresión desencajada. Le temblaban las manos de la excitación. Acertó a avanzar un paso. Entonces se le dibujó una sonrisa extraña. Comenzó a reír, primero con una cadencia suave, para enseguida desembocar en un torrente de carcajadas. No fue la única risa de mujer que se dejó oír en la estancia.

La inocente Iria se desternillaba sobre el sofá, embadurnándolo de salsa de tomate.

¡Menuda banda de pánfilos! —exclamó Marta— la broma os la hemos gastado nosotras, la planeamos en la cocina al recoger la mesa, mientras vosotros os burlabais en el salón. El arma es de fogueo. ¡La próxima vez os lo pensáis mejor antes de meteros con Marta Álvarez!

¡Y el óscar es para… la gran Martita! —Iria apenas podía hablar de la risa —Como actriz eres genial, tía. ¡Has estado de vicio!

¡Qué va! Si estaba muerta de miedo a pesar de saber lo que iba a ocurrir. Más de una vez pensé en echarme atrás y pasar de todo.

La inocente de Esther te llamó al móvil toda convencida cuando se lo propuse, ¡se las prometía muy felices!

Para mataros, pero esta vez de verdad ¡es para mataros a las dos! —Jose jadeaba sentado sobre el suelo —no tenéis perdón.

Supongo que algún día nos reiremos de esto —añadió Marcelo restregándose los ojos.

Cuando se te pase ese pálido en la cara, que creo que te va a durar un par de años —rió Iria premiándolo con un beso.

Por cierto ¿Dónde se ha metido Esther?

Los cuatro cayeron en la cuenta de que su compañera había desaparecido.

Creo que salió corriendo por el pasillo —dijo Iria al fin.

¿Esther? —Marta se adentró en el corredor.

No se escuchaba nada. Jose, Marcelo e Iria la siguieron.

Esther, era todo una broma ¿Dónde estás?

Al fondo una puerta entreabierta dejaba escapar un halo de luz a través de la rendija. 

Esther, ¡Dinos algo por Dios!

La mano menuda de Marta hizo girar las bisagras, que se estremecieron con un leve crujido. Nada más penetrar en la habitación pudo escuchar un sollozo contenido. Una de las lámparas sobre la mesita de noche estaba encendida. El sonido llegaba desde el otro lado de la cama, junto al suelo. La chica tragó saliva y se obligó a continuar. Detrás sus compañeros se cogían de la mano.

Acurrucada en una esquina, con las manos alrededor de las rodillas, estaba Esther.

Está aquí, la he visto, ella está aquí.

¿Quién, de quién demonios hablas?

Verónica, Verónica está aquí. ¡Maldita sea, no debimos… no debimos pronunciar su nombre!

Esther, como broma no tiene gracia.

¡Está aquí, ella está aquí!

Marta se agachó y lentamente le tomó una mano. Esther levantó la cabeza, sus ojos llorosos la miraron enfocando el espacio vacío. Entonces tomó aire, abrió los labios, y gritó. Gritó como ninguno de sus amigos había escuchado jamás. 

Iria acompañó el grito. 

Marta cayó de espaldas golpeándose la cabeza con un mueble. 

Jose y Marcelo se pegaron instintivamente contra la pared.

¡Está ahí! —chilló Esther al borde de la histeria señalando con el dedo — ¡Verónica está ahí!

Los muchachos se volvieron. Miraron en la dirección hacia la que señalaba la chica. Y los cuatro se vieron reflejados en el espejo.

*****

El grupo se deshizo después de aquello. La desdichada Esther nunca se recuperó y terminó internada en un centro psiquiátrico. Hay quien asevera que de cuando en vez su amiga Marta todavía pasa a visitarla. Iria marchó a Londres a continuar sus estudios y Jose y Marcelo dejaron la ciudad dispuestos a encauzar sus vidas lejos de un pasado que nunca dejó de perseguirlos.

En cuanto a Marta, alquiló un piso en el centro y dicen que apenas sale si no es para ir de casa al trabajo. Cuentan que ha descuidado su aspecto y los pocos a los que ha dejado entrar en su vivienda aseguran que las persianas están siempre bajadas y en ella, tan sólo hay dos espejos en los baños.

Ambos tapados con una opaca tela negra.



Relato para la segunda ronda del Torneo de Escritores de TusRelatos.com.
Normas:
Título: La vida en el espejo.
Máximo de 2000 palabras.


30 comentarios:

  1. Leído y guardado... ya te diré Jorge. Quieto ahí parao!!!

    ResponderEliminar
  2. Un relato que, aunque me escueza reconocerlo, merecía ganar. Y estuviste a punto de hacerlo. Por un sólo voto. Enhorabuena, Jorge. Disfruté mucho compitiendo contigo aunque me las hicieras pasar canutas. Un beso muy grande

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo Ana que tu relato fue justo vencedor, cuando lo leí supe que la eliminatoria iba a ser difícil, como así fue. Me alegro que pasaras a la final, te lo mereces por buena escritora y mejor persona. Te deseo mucho éxito en el torneo y estoy convencido de que se lo pondrás difícil a los otros dos competidores. Besos Ana.

      Eliminar
  3. Buff Jorge genial, qué miedo he pasado y qué terrible final. Me has hecho pensar en esas "bromas" que se escapan de las manos y acaban teniendo consecuencias terribles para sus protagonistas como sería el caso. A mi estos temas me dan escalofríos.
    Suerte en el concurso.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues me alegro de haberte hecho pasar miedo, Conxita, de eso se trataba. Espero que hayas dormido bien al menos jaja. Un beso.

      Eliminar
  4. Si ya lo dicen los expertos en feng shui, que los espejos rebotan las malas vibraciones y que conviene no tenerlos en casa...
    Desde luego esa bromita salió mal. A mí me parece justo, porque algunos tienen un sentido del humor bastante retorcido y con algunas cosas es mejor no enredar.
    Con los fantasmas me pasa lo mismo que con las meigas. No creo en ellos pero... haberlos, haylos.
    Estupendo relato, engancha y tiene en vilo al lector.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Haberlos haylos, así que mejor no jugar con ellos, Paloma. Me alegra haber conseguido engancharte aunque sea un poco. Un abrazo Paloma.

      Eliminar
  5. Un gran relato sobre un clásico de los terrores juveniles con una trama muy bien hilada, personajes bien perfilados, escenario de gran fuerza visual, atmósfera muy lograda, varios giros argumentales, y el imprescindible final de "otra vuelta de tuerca" cuando el lector ya se ha relajado. Un relato que estuvo a punto de alcanzar la Final en TR. Este año, en tu ausencia, tengo más posibilidades de ganar. Un abrazo, Jorge.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tuve un rival difícil que pasó por méritos propios. Yo no echaría las campanas al vuelo Paco, competir contra Ana no va a ser más sencillo que conmigo. En todo caso te deseo suerte también y que gane el mejor. Un abrazo.

      Eliminar
  6. Cuánto juego dan las leyendas urbanas, ¿verdad Jorge? Yo también he tenido contacto con ellas pero reconozco que tú sabes manejarlas mejor. Y como ejemplo esta Verónica que, como Beetlejuice o Candyman, viene para atormentarnos al repetir su nombre.
    Un relato estremecedor y bien hilvanado, merecedor de ganar aunque esta vez no haya habido suerte.
    Un abrazo, Jorge.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hombre Bruno, te tengo en suficiente estima como escritor como para dudar de esa afirmación de que manejo mejor que tú el tema de las leyendas urbanas. No hubo suerte esta vez en el concurso, la rival era difícil, pero estoy contento con mi participación. Un abrazo.

      Eliminar
  7. Hola, Jorge. Nos presentas un relato de terror centrado en uno de los famosos juegos de espíritus, pero como siempre, con tu originalidad en esos giros inesperados e incansables, porque no hay uno ni dos, y siempre sorprendiendo y manteniendo la tensión y el ritmo.
    Al principio, cuando se dice que hay una pistola en el cajón, me pareció algo muy raro, y sobre todo un detalle un tanto malo, pero como es un relato tuyo, pensé una de dos:o a Jorge se le han cruzado los cables y a escrito lo primero que se le vino a la cabeza para cumplir con el torneo, o (lo más probable) tiene un as guardado en la manga. Por supuesto, no todo era lo que parecía, y resultó ser lo segundo.
    Es un relato sencillo, en comparación con la mayoría de tus otros escritos, pero no por ello menos interesante o peor redactado, ahí se mantiene tu toque.
    Un abrazo, Compañero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, de esta historia alguien me ha dicho que caía en varios lugares comunes ¿Y cuál no hoy en día teniendo en cuenta que casi todo está escrito? la originalidad viene en como se plantea la trama y el desenlace y ahí es donde he intentado aportar mi granito de arena, con mejor o peor acierto. LO de la pistola, en caso de ser real, podría ser plausible siempre que se diera una explicación convincente, dejarlo así sin más efectivamente hubiera sido un error, pero como era de fogueo creo que sobran las explicaciones.
      Lo que si me gusta es introducir esos giros cuando se trata de un relato de misterio e intriga, pues es a mi juicio lo que rompe con lo esperado y mantiene el interés de los lectores.
      Por cierto Ricardo, poco te prodigas por tu blog ultimamente, a ver cuando vemos algo tuyo. Un abrazo.

      Eliminar
  8. Un relato magnífico, Jorge, porque le das rienda suelta a tus personajes en ese macabro juego. Y lo haces con las espléndidas escenas dialogadas, lo que da más potencia al relato, porque en esas instancias el lector está más vulnerable y más propenso a ser tocado por las palabras de los protagonistas. Manejas la tensión y la distensión con las idas y venidas de la trama. Un trabajo muy logrado. La frutilla del postre: el cierre. Mis felicitaciones, Jorge, es un placer leerte, compañero. Un abrazo.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En un relato largo creo que los diálogos son importantes (a veces en uno corto también). Muestran los personajes tal como son, dan mucho juego a la hora de definir personalidades y formas de ser, también a la hora de introducir elementos de la historia que con la simple narración se harían farragosos o artificiales, y rompen la monotonía de una narración demasiado extensa. Hay quien reniega de ellos, es comprensible que quien no se siente seguro en ese terreno tienda a usarlos poco, pero no lo es a mi modo de ver que quien se tiene por escritor los desprecie o no sea capaz de ver el valor añadido que aportan a un relato. Digo esto porque del lugar de donde venimos ambos, Ariel, la web de TR, alguno había que se despachaba a gusto en este sentido. Por lo demás la tensión narrativa era algo obligado en este tipo de relato y he intentado hacerlo lo mejor que he podido.
      Muy agradecido por tus palabras Ariel, para mi es un placer leer tus comentarios. Un abrazo.

      Eliminar
  9. ¡Cómo me gustan estas historias, Jorge! Has sabido aprovisionarte de los mejores ingredientes del género como una leyenda urbana, la noche, el espejo, el pasillo, la oscuridad, los dos giros para bajar la guardia al lector y darle la estocada con el tercer giro... Y has sabido cocinar con ellos uno de esos relatos que no puedes dejar de leer hasta descubrir el final. Fantástico, Jorge! Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me cuesta ver David el grado de tensión narrativa que imprimo a relatos de este tipo, porque para quien escribe esa tensión no existe al conocer todos los detalles de la historia de antemano, así que sólo puedo hacerme una idea aproximada y conocer las impresiones que me transmitís. Viniendo de ti, que se que aprecias la tensión y la intriga en los relatos, tanto como autor y como escritor, es todo un elogio que me digas que lo has leído del tirón. Gracias por pasarte y un abrazo.

      Eliminar
  10. Lo desarrollaste muy bien y le diste varias vueltas de tuerca para mantener el suspenso. También me pareció raro lo del revólver, pero la resolución estuvo a la altura.
    Los relatos de fantasmas no son mis favoritos, sin embargo leí el tuyo de un tirón y los diálogos interesantes contribuyeron a engancharme.
    Toda la suerte en el concurso.
    Abrazo grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Procuro como le decía a Ariel que la historia avance a través de los diálogos, que no sean un aparte estático que pause el relato. Supongo que eso ha contribuido a lo que indicas sobre "los diálogos interesantes", Mirella. Me alegra que sin ser tu género favorito te haya enganchado. Gracias por pasarte. Un abrazo.

      Eliminar
  11. ¡Ayayay Jorge…! Me recuerda a mis primeros años de universidad en el piso alquilado con varias compañeras… aquellas sesiones de ouija, haciendo trampa casi siempre…

    El ambiente juvenil bien ambientado, los diálogos adecuados, un clima desenfadado y algo pueril (como toca)… lo que empezó como un juego se fue complicando.

    Ha sabido tratar con eficacia y tensión cuando la narcisista Marta, ya sola, invoca a Verónica ante el espejo, la posterior inquietud, el largo pasillo… y ¡la sorpresa!... y la segunda sorpresa… y vuelves a rizar el rizo por tercera vez.

    Al final se impone la vida, la pandilla desintegrada… con las consecuencias de su jueguecito no tan inocente.

    Destaco el ritmo y la tensión generada.

    Pues nada Jorge, cuidadito con los espejos de tu casa… alguien te observa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me digas que hacías ouija Isabel! no se habrá colado el espíritu de algún escritor famoso en tu cuerpo? Eras la primera que comenta lo del clima pueril (supongo que va mas bien por los diálogos) lo cual me alegra porque en este caso he querido dotarlos de un deje juvenil en la forma de hablar y expresarse. Me alegra que lo hayas visto.
      Fíjate que respecto a la escena en la que Marta esta sóla ante el espejo alguien me dijo que no le parecía creíble que Marta "fingiera" cuando al estar sola no tenía necesidad de hacerlo. En todo momento he querido mostrar que el miedo de Marta es real a pesar de que sabe lo que va a ocurrir, y he procurado dejar varias señales de ello a lo largo de la historia, precisamente pensando en eso. Supongo que hay después de todo diferentes formas de leer un relato.
      Los espejos de mi casa, Isabel, los tengo todos bien tapaditos con una oscura tela negra jejeje
      Abrazos Isabel.

      Eliminar
    2. Pues no es por contradecir a tu comentarista... pero a mi modo de ver es la mejor escena (la del espejo de Marta), no solo por lo "creíble", sino por la dosificación de la tensión.
      Oye Jorge, pues no tapes los espejos, que a juzgar por la foto de tu perfil estás hecho un cachas, así que pon los espejos de cuerpo entero ;)

      Eliminar
    3. Pues agradecido de tu observación, Isabel. Y de cachas nada, es la foto que engaña :)

      Eliminar
  12. Creo que tiene mucho mérito conseguir sorprendernos y asustarnos, a mí al menos, con una historia basada en una leyenda urbana tan conocida. Ahí es donde la originalidad y el ingenio se notan y hacen acto de presencia.

    Has logrado crear un clima de tensión y suspense que por momentos se relajaba o se hacía aún más tenso, provocando que el lector difícilmente pudiera dejar de leer. He esperado el final en varias ocasiones, y en cada una de ellas se planteaba un escenario nuevo que daba un rumbo distinto a la historia. Bravo, Jorge, es un relato sobresaliente, hayas ganado o no el concurso al que lo presentaste :)

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Efectivamente la historia es manida y conocida de todos, así que la originalidad había que buscarla por otros lados. No he querido introducir ningún elemento sobrenatural aunque ello esté rondando contínuamente la historia, eso creo que le da mayor realismo. Me alegro que ta haya sido difícil dejar su lectura, ese era el onjetivo. Un abrazo!

      Eliminar
  13. Vaya, Jorge, esta historia ha sido más seria de lo que me iba imaginando. Creí que nos sumergías en un juego de jóvenes adolescentes, quien no ha jugado a sesiones de Ouija, jeje y con el vaso y las manos que sobre él creyendo que un espíritu las movía hacia las letras. Yo era y soy muy aprensiva a mi me pasaba como a tus protagonistas era una cagada, después no había quién durmiese. Bueno tu final ya es más serio, digo, la bromita ha tenido una repercusión que algunos les marcará por vida. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He intentado darle un aire juvenil a la historia, acorde con los protagonistas, pero a la vez quería escribir una historia de miedo, así que nada de andarse con jueguecitos. Besos Eme.

      Eliminar
  14. Es uno de esos relatos que, sabiendo que habrá final sorpresa (en este tipo de terror la sorpresa es si resultará real o imaginario y las muertes que habrá) y varias vueltas de tuerca, aún así, se lee con avidez. Y eso es porque está bien escrito. Con una técnica impecable. Porque tú lo has dicho, en este tema, ser original es muy difícil (Incluso el elemento del espejo es un recurso muy utilizado) y lo que cuenta, es cómo lo cuentas (valga la redundancia, ja ja). Me ha gustado ese final, en el que juegas con el número (imágenes/sujetos) y el ingenioso planteamiento de que Marta, la única que, debido a estar nokeada, no debió de ver la imagen del espejo, ya no quiera ver ninguna más, no vaya a ser que... O al menos, así lo he visto yo, que para esto de las deducciones soy un poco espeso.
    Muy bien escrito, Jorge. He disfrutado de su lectura.
    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. bueno muertos muertos, en este relato no hay jeje. En realidad he querido jugar con lo sobrenatural sin introducir elementos sobrenaturales en ningún momento. No hay fantasmas, ni apariciones, todo está en el subconsciente de los chavales y eso es lo que los lleva al terrible desenlace. La escena del espejo no tiene dobles lecturas, es lo que se cuenta sin más, en el espejo se ven los cuatro (no cuento a Esther porque ella a quien ve es a Verónica) que es lo que se debería ver sin echar mano de situaciones sobrenaturales. La única que ve a Verónica es Esther, pues es la única que está trastocada mentalmente en ese instante. Quizás lo del número cuatro de lugar a confusión, igual cinco hubiera sido más adecuado.
      Así que esa es la explicación a la escena final, Isidoro, o al menos tal como yo la concebí. Un abrazo paisano, y muchas gracias por tu comentario.

      Eliminar