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lunes, 9 de febrero de 2026

El destino juega con dados de oro

Madrid, 1613

Unos pasos resonaban en la estrechez del callejón del Codo, con desigual cadencia por causa de la cojera del individuo. En su faz titilaba una sonrisilla traviesa, como si, excusado por las sombras de la noche, se le otorgase el placet para acometer la acción más abyecta. Se detuvo frente a una pared poco iluminada que olía a orines, y ajustose los anteojos. En aquel rincón que cada madrugada hacía las veces de letrina, alguien había plantado un crucifijo con la ilusoria esperanza de que la invocación de lo sagrado hiciera desistir a los incívicos que se desahogaban sin miramientos. Ante la ausencia de resultados, un postrer letrero insistía en el reproche:

lunes, 10 de febrero de 2025

La perla de Jamaica

Isla La Española, 1659

El capitán Álvaro Mendoza aguardaba en la atardecida a orillas del Ozama. Desangrada por el éxodo hacia el continente y asolada por ataques corsarios, Santo Domingo era una sombra de la plaza que antaño fuera. El gobernador Zúñiga le encomendara esa mañana transportar un valioso cargamento hasta Cartagena de Indias, al otro extremo del Caribe. Allí, decía, estaría más seguro. Ante las reticencias de Mendoza, la respuesta había sido doblemente negativa. ¿Por qué no una carraca? ¡Proveedme al menos de una escolta adecuada! Ambas cuestiones fueron argumentadas de igual modo: Una pequeña galera solitaria no llamaría la atención. La demanda para consignar una tripulación más nutrida fue también desatendida.

Constituía la Indomable una rareza en esas latitudes, galera de tres mástiles y sendas filas de remos a los costados, artillada por imperativo solo en proa. Entre la oscuridad, Mendoza observó una figura encapuchada siendo conducida por sus marinos hasta el buque. Instintivamente, se santiguó.

lunes, 3 de febrero de 2025

Hoy, igual que ayer

    En la cocina se oye el batir de los cubiertos contra un plato. La niña, casi adolescente, devora con avidez un guiso que le parece el manjar más delicioso. Su rostro enjuto está tiznado de suciedad, al igual que sus ropas andrajosas. Alrededor de ella, una mujer de mediana edad se afana nerviosa entre improvisados preparativos. Sentada frente a la niña, con la piel arañada por los años, otra mujer ya anciana la contempla mientras se le escapa una sonrisa de satisfacción; la huella del deber consumado aporta serenidad a su semblante. La adolescente levanta la vista de vez en cuando mirándola, todavía, con desconfianza.

jueves, 26 de octubre de 2023

El misterio del soldado desconocido

    Presenté este relato a concurso al X CERTAME DE RELATOS VIGO HISTÓRICO, en el que se debía escribir un relato de no más de mil palabras en el que la ciudad de Vigo tuviese un papel protagonista. Como era de esperar, el cuento no obtuvo galardón alguno.


El misterio del soldado desconocido.

Nada hay más preciado que la libertad y, ¿qué puede otorgar mayor libertad que la propia muerte? Así reflexionaba una tarde de noviembre en el cementerio de Pereiró. Demetrio Macías había tenido la ocurrencia de morirse y el periódico me envió a cubrir el entierro del que fuera benefactor de la ciudad. Al finalizar el sepelio, decidí dar un paseo por el camposanto.

jueves, 29 de junio de 2023

Sol naciente

 Pensilvania, Estados Unidos. Julio de 1945.

El Dodge Deluxe negro circulaba por la carretera entre los prados verdes de la campiña. En el asiento trasero, un hombre delgado se revolvía nervioso. Al acercarse a una curva pronunciada, se dirigió al chófer.

—Es ahí, Sam.

Tras doblar el recodo, rebasaron a otro Deluxe idéntico estacionado en el arcén y tomaron una desviación hacia la derecha. El segundo coche se incorporó a la calzada y circuló despacio, hasta que el conductor vio aparecer en el retrovisor al Chrysler Airflow que discretamente seguía al primero. Con una media sonrisa, el piloto aceleró la marcha, dispuesto a dar un largo paseo por las carreteras del condado.

jueves, 4 de mayo de 2023

Lázarus (Versión para Zenda #HistoriasdeEuropa)

    Subo una segunda versión de mi relato Lázarus, que concursó en el Tintero de Oro. En este caso se trata de la versión presentada al concurso #HistoriasdeEuropa de Zenda libros. He aumentado el relato de las 900 palabras palabras iniciales hasta las 1000, y modificado algunos aspectos de la trama. Como era de esperar, el relato no quedó seleccionado entre los 10 primeros por lo que no opta ya al premio final.

*****

Marsella, año del Señor de 1172

Mordía el frío de la mañana cuando tres hombres tocados con una cruz pátea desembarcaron en la ciudad. Beltrán de Trémelay, caballero templario en misión papal comisionada, se hacía acompañar por el tuerto Hugo de Quadrells junto a Robert Dorset, un gigante que semejaba capaz de tumbar un oso. Caminaron apresurados hacia las sobrias murallas de la abadía de Saint-Víctor. Conducidos a un salón debatieron largo tiempo con el abad sobre el asunto que les concernía; los documentos hallados en el priorato de Saint-Maximin y remitidos a Sénanque podían, de ser auténticos, poner en jaque los cimientos de la cristiandad.

miércoles, 12 de abril de 2023

Lázarus

Marsella, Octubre de 1172

Mordía el frío de la mañana cuando tres hombres tocados con una cruz bermellona desembarcaron en la ciudad. Beltrán de Trémelay, caballero templario en misión papal comisionada, se hacía acompañar por el tuerto Hugo de Quadrells junto a Robert Dorset, un gigante que semejaba capaz de tumbar un oso. Caminaron hasta la abadía de Saint-Víctor; conducidos a un salón debatieron largo tiempo con el abad sobre el asunto que les concernía. Los documentos hallados en el priorato de Saint-Maximin y remitidos a Sénanque podían, de ser auténticos, poner en jaque los cimientos de la cristiandad.

Al alba partieron con sus monturas hacia el corazón de la Provenza. Una niebla incómoda los acompañó durante el trayecto, haciéndoles perder más de una vez el rumbo. Entrada ya la tarde arribaron a Notre-Dame de Sénanque, próspera abadía rodeada de campos de labranza. El prior Monceau, hombre de estatura escasa y ancha cintura, se deshizo en alabanzas ante su presencia. Siete días dedicó Trémelay al estudio del manuscrito. Al octavo, consintió en exponer sus conclusiones.

martes, 26 de abril de 2022

Para Adelaida

     Cuando aquella joven de larga melena rojiza cruzó la puerta de mi despacho en Londres, no sospechaba que mi destino cambiaría para siempre. Apenas sobrepasaba la veintena, vestía un conjunto de una pieza un tanto ajado por el uso, con un amplio escote que le resaltaba el busto. En uno de sus dedos, desentonaba un anillo dorado.

—Me llamo Katherine Fulton, y quiero que encuentre a mi padre.

—¿Alguna idea de por dónde empezar?

—En 1895 se embarcó en el HMS Erebus hacia las colonias británicas del sur de África —recitó como si lo hubiera ensayado— El barco naufragó ante las costas españolas, al noreste del cabo Vilán. Según la Marina Real, no hubo supervivientes.

—Entonces, señorita Fulton, temo que su padre lleva catorce años fallecido.

Me tendió un sobre, del que extraje un papel con una frase escrita: para Adelaida.

martes, 8 de febrero de 2022

Au revoir, mon amí

La isla se pierde en el horizonte, recortada contra el cielo azul pálido del amanecer. Desde el barco diviso sus cumbres picudas envueltas en neblina, antes de darles la espalda. Jamás volveré a pisar su suelo. Todo empezó de la forma más inesperada, como suelen comenzar las grandes historias.

 

El bullicio henchía la taberna aquella noche de diciembre. Era el año 1808, y yo apenas una jovenzuela que servía viandas a quienes se resguardaban de la nevada a unas leguas de Tordesillas. Se abrió la puerta de forma abrupta y junto con un aire helado entraron unos gabachos uniformados. Desalojaron la estancia, exceptuando al dueño y la servidumbre. No tardó en aparecer una comitiva de hombres altivos, vistiendo ropas engalanadas de condecoraciones. Sentáronse a una de las mesas y ordenaron que se les sirviera vino, lo cual me apresté a hacer sin dilación. Varios de los generales no tuvieron reparo en recrearse en la linde de mi corpiño y alguno hizo el amago de deshacer el lazo que cerraba el escote, ante las risotadas de sus compañeros.

lunes, 8 de marzo de 2021

Ayesha

      En mi cabeza no dejaba de retumbar la misma frase «Prohibido inmiscuirse en la Historia». Yo y cualquiera de los demás Guardianes del Tiempo lo observábamos a rajatabla. Hasta hoy.

 «Es sólo una cortesana sin importancia» repetía mientras rememoraba las noches ardientes en compañía de Ayesha. «Nadie se dará cuenta si hago un desvío en la actual misión». Había conseguido las claves de administración del ordenador de a bordo, borraría cualquier registro inculpatorio y mi amada viviría. Introduje las coordenadas. Año: 323 a.c. En mis bolsillos varios botes de pastillas de Hidroxicloroquina.

Le dije que ello la curaría las fiebres. Le dije cómo tomarlas. Insistí en que nadie más debía conocer la medicina. Partí con el deseo y la certeza de volver a amarla en pocos días.

martes, 15 de diciembre de 2020

Romasanta. Memorias de un Licántropo

Me llamo Manuel Blanco Romasanta. Y soy un hombre lobo.

Aunque resulte inverosímil, durante años fui víctima de una maldición que, en las noches de luna llena, me impulsaba a transformarme en semejante criatura y vagar por los montes Orensanos cerca de mi aldea natal de Rebordechao, en busca de comida y sangre fresca. Carne humana, claro está. Quien conozca los pormenores del posterior juicio sabrá que no andaba solo en mis correrías; otros dos desdichados participaban en la orgía de miembros desgarrados y vísceras, que devorábamos con ensañamiento.

Hambre, miseria, incultura… todo ello formaba parte de la Galicia rural de principios del XIX y, por qué no decirlo, del resto de este país por el que no siento apego alguno. Los monarcas pendencieros Fernando VII, llamado primero El Deseado y luego con mejor tino El Rey felón, junto con su descendiente La de los Tristes Destinos, Isabel II, ninfómana donde las haya, reinaron durante los funestos años de mis correrías. No me hubiera disgustado hincar el diente a cualquiera de ellos. Al menos sabría ahora, por fin, cual hubiera sido el sentido, el feliz sentido, de mi existencia.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Memorias de un tiempo convulso


Aquel viaje en tren no fue, no podía ser, como cualquier otro. Sí, contemplaba de nuevo el paisaje esplendoroso, los campos verdes en los que soñaba corretear sobre su hierba mullida y un cielo de agosto limpio de nubes, hiriente a la vista con su azul intenso. Al atardecer, el sol pintaba el horizonte de un encarnado arrogante, acertado símil de lo que acontecía no muy lejos de nosotros. Sin embargo tenía que pelear a cada instante por asomarme a una rendija o cualquier ventanuco de aquel mastodonte de hierro y madera que nos torturaba con su traqueteo interminable. El hacinamiento y el hedor a sudor y excrementos se habían convertido en rutina, y la sed, junto con el hambre, clamaban por el pronto final de aquel viaje tortuoso. Nunca perdí la esperanza, estaba convencida, lo sigo estando, de que al término de este camino nos aguarda la redención.

viernes, 23 de marzo de 2018

El emisario del Rey

    Fue en un mes de diciembre del año del Señor de mil quinientos veintitrés y juro que lo que os cuento, tal así ocurrió.

    Ejercía por aquel entonces como correo real y se me encomendó llevar una misiva urgente desde la capital hasta la ciudad de Valladolid. Sucedió que al poco de partir sobrevino una descomunal ventisca, siéndome imposible continuar la marcha entre la nieve. En mitad de la llanura castellana alcancé a divisar los muros de una edificación y hacia allí me dirigí con la intención de solicitar resguardo. Golpeé la aldaba hasta que alguien descorrió la mirilla, volviéndola a cerrar de inmediato. Transcurrió un buen tiempo antes de que debido a mis voces, abriesen de nuevo.

    —Este es un convento de monjas. Marchaos.

  —No hay lugar en estas tierras que no esté bajo jurisdicción Real —dije mostrando mis credenciales— abrid pues, y dadme el cobijo que cristianamente debéis al caminante.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Buscando a Lorca (Capítulos I y II)

Aunque este relato está basado en hechos reales, los personajes y circunstancias descritos en el mismo son únicamente producto de la imaginación del autor y como tal deben considerarse.

Capítulo I: La llamada.

  A veces el destino nos reserva caprichosas sorpresas cuando menos lo esperamos, cuando creemos que los acontecimientos excepcionales que se pueden vivir a lo largo de una vida ya han sido vividos. Todo comenzó con aquella llamada telefónica, la llamada que empezaría por descolocar mi presente y terminaría por cambiarme también el futuro. Pero antes de que les cuente esta historia, permítanme que les hable un poco sobre mí. 

    Siempre tuve una vida inquieta, mi pasión por la arqueología me llevó de la mano por diferentes lugares del planeta desde que terminé la licenciatura. Recién cumplidos los cuarenta y deseosa de probar la sensación de sentar cabeza por una vez, me hice con la Cátedra de una prestigiosa universidad madrileña. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

El águila y la esvástica


Cuando Itzak Weiss bajó del carruaje y puso el pie sobre los adoquines que empedraban la stadtplatz de aquel pequeño pueblo, llegó a pensar que la localidad pasaría por un lugar acogedor donde disfrutar de unos días de asueto de no ser porque, ni estaba de vacaciones, ni la tarea que debía llevar a cabo le permitía abandonarse a semejante tentación.

La niebla que llegaba desde el río comenzaba a levantar su manto blanquecino por encima de los picudos tejados de pizarra que coronaban las casas, adornadas de ventanales y edificadas en recios muros de piedra. Las callejuelas adoquinadas sobre las que golpeaban los cascos de los caballos, y el constante rodar de algunos carromatos, daban al lugar ese aspecto añejo con que el paso del tiempo parece pintarlo todo en su incesante tránsito. Al fondo, la torre de una iglesia escondía su campanario entre la bruma como si el pudor de mostrarse en toda su belleza le hubiera sido inculcado por los ministros del Altísimo que predicaban entre sus paredes.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Balada de Juana la Loca



A principios del siglo XVI se suceden las pugnas por el trono de Castilla. Muerta la Reina Isabel y sus tres primeros herederos en la línea sucesoria, la corona recae en su hija Juana, de dudosa estabilidad mental y desposada con Felipe, apodado el Hermoso, cuya deslealtad a los Reyes Católicos es tan solo superada por su ambición de poder. Tras la muerte de Felipe prematuramente y en extrañas circunstancias, la Reina Juana abandona Burgos e inicia un peregrinaje por las tierras de Castilla arrastrando el cadáver de su esposo, con el propósito de darle sepultura en Granada. En este escenario de inestabilidad política los nobles se posicionan ante el futuro incierto que se avecina. Gonzalo de Esgueva, joven aspirante a caballero al servicio de un oscuro Señor, se verá envuelto sin quererlo en éstas luchas de poder

I


Abril de 1507, en algún lugar del páramo castellano.


Un caballo galopaba a la caída de la tarde mientras el día moría dejando trazos de escarlata pintados en el horizonte. A lo lejos la silueta del monasterio de Santa María de Escobar se erguía en medio de la nada. El jinete, enfundado por completo en gruesos ropajes negros, había dejado atrás a los últimos rezagados de la comitiva Real y se aproximaba hacia el tumulto que se agolpaba junto al portalón, en cuyo desorden se adivinaba el desconcierto. Se paró ante un mozo que sujetaba un par de caballos.

jueves, 22 de enero de 2015

Perdidos en el Everest



I

Si alguien me preguntase por mi profesión, la palabra que mejor vendría al caso sería aventurero, suponiendo que semejante actividad pudiera definirse como tal. Ya desde muy joven me gané la vida recorriendo los lugares más inhóspitos del planeta, de la Antártida a la exuberante Amazonia, pasando por las desoladas estepas centroasiáticas o los desérticos paisajes del Sáhara. Viajaba tanto integrado en alguna expedición como en solitario y vendía los relatos o las fotografías de mis aventuras a cualquier semanario que quisiera pagar por ello. Esa era la vida que había elegido, siempre inquieta, a veces solitaria, carente de algo a lo que llamar hogar, pero sin embargo... libre.

En los últimos meses había hecho algún dinero ejerciendo como guía de trekking por los Himalayas y aproveché la ocasión para realizar un reportaje fotográfico sobre las gentes del lugar, cuya publicación tendría ahora que negociar. Aquella última noche no pude conciliar el sueño y tras un breve paseo por las calles de Katmandú pasaba las horas sentado en una taberna, sujetando una jarra de cerveza cuyo contenido menguaba a la par que mi inquietud se desvanecía. Al día siguiente tomaría un avión rumbo a Washington para reunirme con mi contacto en la National Geographic Society, y la vuelta a la civilización me causaba siempre el mismo desasosiego.

martes, 20 de enero de 2015

El Naufragio del Serpent


I
Corría la década de 1970 cuando Michael Bickerton puso sus pies por primera vez en el pueblo de Camariñas, en plena Costa da Morte gallega. Unos días antes había tomado el ferry en su Plymouth natal, al suroeste de Inglaterra, desembarcando en la ciudad de Santander desde la que consiguió arribar a aquel perdido lugar tan cercano al fin del mundo. Mediaba la mañana y el tibio sol de primavera comenzaba a ahuyentar el frío húmedo de la madrugada. Las gaviotas sobrevolaban la villa saludando al visitante con sus graznidos, trazando círculos en un cielo azul que tras la lejana línea del horizonte se confundía con el mar.

El inglés dirigió sus pasos hacia el ayuntamiento, dando un corto paseo por el puerto. Su elevado porte junto con el pelo rubio y su tez blanca no pasaron inadvertidos a los curtidos pescadores que deambulaban por la dársena. En el consistorio lo fueron pasando de funcionario en funcionario hasta que consiguió dar con la persona adecuada. La joven era pelirroja, el cabello largo le caía ensortijado sobre los hombros y su cara estaba decorada con simpáticas pecas. De mediana estatura y físico agraciado, rondaría los veinticinco años. Se presentó como Coral y tras las debidas formalidades lo atendió con una sonrisa, mas cuando el extranjero desveló el propósito de su visita no pudo disimular una mueca de asombro. No era habitual que un forastero llegase preguntando por asuntos como aquel.