jueves, 7 de enero de 2016

Los Viajeros del Espacio

Diario de a bordo del Comandante Mael Rahma. Crucero espacial Omnion. Día trigésimo octavo del año 1624 de la Nueva Era.

Primera parte.

Llevo horas encerrado en mi camarote. Tengo el cuerpo magullado y un persistente dolor de cabeza me taladra las sienes. Todavía esa sustancia pegajosa y maloliente impregna mis ropas y su hedor está por todas partes. No dispongo de comunicación con el exterior, ellos se han ocupado de cortarla. Sin embargo comprobé con alivio que la grabadora sí funciona. He decidido empezar este diario con la incierta esperanza de hacerlo llegar afuera. Quizás mi testimonio pueda ser útil algún día y al menos conseguiré matar ésta angustiosa espera.

Sé que mi nave ha tomado rumbo hacia la Tierra. Estoy convencido de que no queda mucho tiempo. De que no nos queda mucho tiempo. Empezaré por el principio, pues quien tenga acceso a éste documento necesitará conocer todos los detalles para hacerse una composición completa de los hechos.

El dominio del hombre sobre nuestro hogar, ese pequeño planeta azul llamado Tierra, se remonta a la noche de los tiempos. Fuimos capaces de multiplicarnos, formar diferentes culturas y civilizaciones, dominar las fuerzas de la naturaleza y servirnos de la tecnología para superar nuestras limitaciones físicas. Sin embargo el progreso del ser humano nunca se ha caracterizado por ser ordenado, ni homogéneo, ni siquiera justo.


Tiempo atrás la humanidad cometió fatales errores por los que terminaría pagando un alto precio. La codicia y la escasa visión de futuro llevaron a una espiral de desequilibrios económicos entre las naciones ricas y las más pobres, a contaminar sin ningún control el entorno que sostenía la vida, a sembrar la guerra y la destrucción allá donde las circunstancias no eran afines a los deseos de una élite. Poco a poco la degradación del Planeta alcanzó una deriva exponencial que aquella mezquina civilización no quiso o no supo prevenir. Las catástrofes naturales se multiplicaban, los recursos energéticos e incluso el alimento escasearon cada vez más y la lucha por la supervivencia y por repartirse los despojos de aquel mundo agonizante desembocó en la inevitable Guerra Global que asoló la Tierra hacia el año 2098 de la Era Antigua.


La destrucción fue casi total y muy pocos sobrevivieron, mas el castigo fue mayor para éstos últimos pues quedaron condenados a vagar por un mundo en el que la vida era casi imposible. La civilización desapareció como tal y los escasos seres humanos que poblaban el Planeta se vieron abocados a una nueva Edad de Piedra. El recuerdo de los antiguos modos de vida pronto pasó a formar parte de la leyenda, rodeado de supersticiones sustentadas en los miedos que el desconocimiento siembra en la psique humana. Tan sólo los rudimentos del idioma y el alfabeto perduraron como vestigio de aquellas culturas otrora poderosas.



Los Antiguos, cegados por su codicia, podridos de ambición, ahogados en su propia mezquindad. ¡Yo os maldigo, pues ni en la paz ni en la guerra habéis sido capaces de actuar con responsabilidad!

La Tierra mudó en un mundo hostil durante milenios, imposibilitando el desarrollo de la raza humana más allá de la simple supervivencia. Poco a poco la Madre Gaia fue limpiando su piel y volviendo a la vida, concediendo a sus más díscolos hijos una segunda oportunidad. Los descendientes de Los Antiguos comenzaron de nuevo a multiplicarse y conquistar el mundo. Los Hombres se agruparon en comunidades, formaron ciudades, surgieron civilizaciones. Una vez más la codicia y la guerra, inherentes al ser humano, regresaron de un pasado ya olvidado. Mas ello no impidió que la humanidad siguiese progresando, pues era mayor su potencial civilizador que la capacidad de destrucción que entonces acumulaban. Hasta que el resurgir de las ciencias y en concreto la arqueología, comenzó a destapar la desoladora verdad del pasado de la raza Humana, la destrucción que sus ancestros habían sembrado por todo el Planeta.

Por primera vez la civilización se encontraba cara a cara con el que podría ser su futuro, un futuro que ya se había escenificado hacía milenios. El golpe a la conciencia colectiva que supusieron semejantes revelaciones produjo un impacto emocional de tal calibre que el rumbo de la Historia se vio seriamente afectado. Al fin la Humanidad tomó conciencia de sí misma como una sola, las distintas Naciones decidieron progresar unidas de la mano y el respeto por el entorno devino casi en una religión. Aquellos años marcaron el inicio de la Nueva Era, una época de prosperidad en que los Hombres habían por fin superado sus miserias.

La tecnología avanzó y nos lanzamos a la conquista del Espacio. Primero fue la Luna, después Marte sucumbió al dominio de los terrícolas. Poco a poco se exploraron los grandes planetas gaseosos y se establecieron colonias mineras en algunos de sus satélites. Todo el Sistema Solar estaba ya bajo el control y supervisión de los Hijos de Gaia.

Y esto nos lleva al momento actual, más en concreto hace exactamente 48 días terrestres, cuando las sondas exteriores situadas más allá de la órbita de Neptuno detectaron la presencia de un cuerpo extraño que penetraba en nuestros dominios. Una gran construcción artificial navegaba directamente hacia la Tierra. Y ahí es donde da comienzo esta historia y donde quien escuche este mensaje deberá sacar sus propias conclusiones.


Segunda parte.

Retomo esta narración tras una breve pausa.

En efecto nuestra soledad en los dominios del Sistema Solar se vio perturbada por una presencia desconocida. El shock emocional que supuso este encuentro fue grande, pero no había tiempo para detenerse en elucubraciones. La natural desconfianza del ser humano hizo saltar todas las alarmas. Enseguida se trazó un plan de acción para interceptar el objeto y conocer su procedencia e intenciones. La nave que comando, el crucero estelar Omnion, se encontraba en una misión rutinaria alrededor de las colonias mineras que pueblan los satélites de Júpiter y junto con dos transbordadores de menor envergadura formamos la avanzadilla que partió en busca de la amenaza que nos acechaba.

Alcanzamos su trayectoria en las inmediaciones del planeta Urano. Éste azulado gaseoso presidió el encuentro desde la distancia. La nave en cuestión era de gran tamaño, mucho mayor que el Omnion y cualquier otro transbordador del que dispusiésemos en la Tierra. Todos nuestros sistemas de defensa estaban activados en previsión de una posible respuesta hostil. El intruso detuvo su avance y la flotilla quedó enfrentada a la gran Nave. Por unas horas la situación fue de tensa espera. Hasta que sin previo aviso comenzaron los contactos.

Nuestros sistemas de comunicación empezaron a recibir señales cíclicas, tentativas de ajuste y calibración de las tecnologías usadas por ambas partes. Al fin tras largos intentos conseguimos sincronizarnos y los extranjeros dieron paso a la segunda fase. Se trataba ahora de establecer un código común para entendernos y poder intercambiar impresiones en un formato consensuado. Sorprendentemente los extraterrestres parecieron comprender muy pronto los rudimentos de nuestro lenguaje y tras algunos días de pruebas, en los que los progresos fueron muchos por ambas partes, conseguimos construir un código escrito. A esas alturas parecía claro que en el interior de la Nave había seres inteligentes deseosos de establecer comunicación con nosotros.

Los mensajes nos dieron a entender que esos entes tenían intenciones pacíficas y no parecían buscar otra cosa que el contacto con una civilización desconocida y su conocimiento. Ni que decir tiene que a pesar de todo mantuvimos nuestras reservas, pero los acontecimientos que se producirían en los días posteriores nos hicieron bajar definitivamente la guardia.

Averiguamos que procedían de una estrella situada a unos cuatrocientos años luz de distancia, en la constelación de Cartius, que los Antiguos conocían como la Osa Menor. La forma en la que habían sido capaces de atravesar semejante abismo era algo que desconocíamos. Otras preguntas relativas a su constitución física o sus procesos biológicos quedaron también sin respuesta… aunque por poco tiempo. Enseguida recibimos un mensaje solicitando un encuentro, que como gesto de confianza hacia nosotros se produciría a bordo del Omnion. El Mando Operativo de la Nave debatió durante horas la propuesta y tras consultar con las autoridades en la Tierra decidimos dar luz verde. ¡Aquel día pasaría a los anales de la historia como el primer contacto de la raza humana con una civilización extraterrestre!


Tercera parte.

Teniendo en cuenta las circunstancias he de decir que no puedo quejarme de las condiciones de mi cautiverio. Dispongo de alimento en mi camarote y he aprovechado para realizar una comida frugal antes de proseguir con éste relato.

Quien haya avanzado hasta aquí sabrá que el encuentro entre dos civilizaciones estaba a punto de producirse. Llegado el momento, una representación del Alto Mando a cargo del Omnion aguardábamos en el mayor de los hangares de nuestra Nave. A duras penas conteníamos los nervios, tanto por las expectativas del contacto como la incertidumbre ante lo que pudiera ocurrir. Un pequeño transbordador hizo su entrada y tras sobrepasar las exclusas exteriores terminó por posarse suavemente sobre el suelo metálico. Al poco tiempo una portezuela se abrió en un lateral y la luz que procedía de su interior nos cegó por un instante. Transcurrieron un par de minutos antes de apreciarse movimiento. Lo que sucedió a continuación superó cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado.

Dos figuras antropomorfas se recortaron contra el haz luminoso. Se trataba de un varón y una mujer, cuya constitución física era inequívocamente reconocible. Empezaron a descender una escalerilla y a medida que se acercaban nuestra sorpresa y admiración iba en aumento. ¡Sus líneas rozaban la más absoluta perfección en un ejemplo de increíble belleza y armonía!

Ambos eran de elevada estatura, vestían sendos monos de un color azul claro ajustados sobre el cuerpo, sin costuras y aparentemente tejidos en una sola pieza. Él lucía un porte atlético y las líneas de sus músculos se dejaban entrever bajo la tela. Llevaba el cabello, de un rubio dorado, largo hasta los hombros y sus facciones se quebraban en perfectos ángulos al amparo de las luces. Ella deslumbraba con una extensa melena cobriza, los senos de proporciones áureas se le marcaban bajo el mono y las curvas de sus caderas se abrían a ambos lados de su cuerpo en la más increíble simetría. En su bello rostro angelical lucía la más pura de las sonrisas y los ojos, de un intenso azul como los de su pareja, brillaban con una mirada que parecía traspasarlo todo.

Cuando se detuvieron ante nosotros, ella tomó la palabra y nos saludó envolviéndonos en una melodía que más parecía un cántico celestial proferido por los mismos ángeles, si es que en verdad alguna vez había existido alguno. Para nuestra sorpresa el lenguaje que utilizaba, aunque con algunas fallas en cuanto a su estructura, nos era fácilmente inteligible. Sin duda aquellos seres que en unos días habían sido capaces de aprender lo suficiente de nuestra habla como para poder comunicarse, tenían que gozar por fuerza de una increíble inteligencia.

En las siguientes jornadas ellos iban a aprender mucho sobre nosotros. Nosotros también sobre ellos. Y no todo iba a gustarnos.


Cuarta parte.

Han venido de nuevo a interrogarme, su ansia de saber parece no tener límites. Hace algo más de una hora que me han devuelto al camarote, pero no me sentía con fuerzas para continuar la grabación. Este penetrante dolor parece que va a hacerme estallar la cabeza, y el hedor… ¡ese hedor insoportable es ahora más intenso! Haré un último esfuerzo, se lo debo a los míos… y a mí mismo.

Durante los días que siguieron más extraterrestres subieron a nuestras naves. Se hacían llamar a sí mismos los Viajeros. Todos eran tan perfectos como los primeros. Su sola presencia llenaba nuestros espíritus de armonía.

Nos desconcertaba sin embargo el hecho de que aquellos seres procedentes de una estrella lejana fuesen tan iguales a nosotros. Incluso respiraban nuestra misma atmósfera sin dificultad. Preguntamos, pero no hubo respuesta. Todo tiene su momento, nos dijeron. Obtendréis el conocimiento a su debido tiempo. ¿Cómo íbamos a cuestionar a aquellos ángeles que semejaban venir del mismo Cielo? Prometieron que nos permitirían visitar su nave espacial, pero como no, cuando llegase el momento. Mientras tanto ellos querían saber y nosotros no pusimos inconvenientes en un deseo de agradarles. De alguna manera inexplicable complacerles nos hacía sentir bien. Los instruimos acerca de lo básico en la tecnología de nuestras naves y les hablamos sobre nuestra raza. Aprendían rápido. Hasta que llegó el día.

Supongo que ellos pensaron que ya sabían lo suficiente. De manera sincronizada se hicieron con el control de nuestras tres naves. Hubo bajas en ambos bandos, pero su armamento era muy superior al nuestro. Debieron introducirlo en las lanzaderas que constantemente hacían transbordos y a pesar de que siguiendo el protocolo escaneábamos cada una de ellas al aterrizar, nuestra insuficiente tecnología no fue capaz de detectarlas. Los supervivientes fuimos obligados a formar en el hangar principal de la Omnion. De ningún modo estábamos preparados para lo que vendría a continuación.

Una nueva lanzadera aterrizó ante nosotros. Era mayor que las anteriores. De nuevo la luz cegadora tras la puerta. Pero esta vez lo que venía detrás era diferente. Unos seres grotescos comenzaron a descender en fila india. Semejaban enormes cefalópodos, a ambos lados de sus cuerpos se retorcían largos tentáculos. Las cabezas de un tamaño desproporcionado eran una masa bulbosa en la que destacaban dos ojos grandes y redondos. Tenían el cuerpo recubierto de una sustancia viscosa y maloliente que lo pringaba todo a su paso. A penas llevaban ropa, salvo unos cuantos adornos metálicos que les pendían del cuerpo y un artilugio de mediano tamaño en lo que debía ser el orificio respiratorio. Como único indicio de habla emitían unos chasquidos agudos desde sus bocas con forma de pico queratinoso.

Los humanoides con los que habíamos convivido permanecían en silencio. Las cabezas gachas en señal de humillación. Cuando los cefalópodos se acercaron, todos al unísono gritaron una palabra cuyo significado entonces no comprendí.

Uno de esos seres se paró ante mí. Lo mismo ocurrió con varios de mis compañeros. Me rodeó el cuerpo con un tentáculo, cubriéndome con esa sustancia pegajosa. Sentí su asqueroso hedor penetrando a través de las fosas nasales. Entonces un dolor intenso empezó a formarse desde el mismo centro de mi cerebro. Llegó un momento en que se hizo tan insoportable que no pude reprimir un grito desgarrador. Y cuando parecía que todo me iba a estallar en la cabeza, la información comenzó a fluir.

Sentía escapar los recuerdos a raudales en un torbellino incontrolado. Era como si algo estimulase mis neuronas para vaciar todo su contenido. Pero el flujo era bidireccional. Parecía que una vez establecido el contacto, la información tuviera que circular necesariamente en ambos sentidos. ¡Y entonces lo comprendí todo!

Angustia, miedo, rabia… pánico. Un amasijo de emociones se desató en mi interior. Los Antiguos, ¡yo os maldigo! ¿Cómo iba a saberlo, cómo íbamos a saberlo? ¡Necios, aún después de extintos la sombra de vuestra inconsciencia se cierne sobre nosotros!

A mi alrededor los esclavos humanoides coreaban sin cesar su letanía, ¡Voyager! ¡Voyager! ¡Voyager! Ahora esa palabra cobraba todo su significado. ¡Las sondas Voyager habían sido lanzadas hacía milenios al espacio exterior! En su interior incluyeron un disco de oro. Grabado en él, la situación de nuestro sistema solar y de la Tierra. Los elementos químicos que la componen. Saludos en varios idiomas. Esquemas precisos de la anatomía humana… ¡y la misma estructura de nuestro ADN!

Aquellos necios habían puesto en manos de los Cefalópodos un mapa hacia el tercer planeta del sistema solar y todo lo que necesitaban saber sobre nosotros. ¡Esas bestias inmundas habían clonado la raza humana en su más excelsa expresión y la habían esclavizado para sus propios fines!

Ahora el crucero interestelar Omnion viaja rumbo a la Tierra con el afán de controlar sus recursos. En su interior un grupo de humanoides perfectos ejercerá de cebo para la perdición de nuestra especie. La muerte o la esclavitud serán nuestro destino.

Siento deseos de gritar, de rebelarme una última vez. ¡Los Antiguos, yo os maldigo, pues ni en la paz ni en la guerra habéis sido capaces de actuar con responsabilidad!

21 comentarios:

  1. Una historia muy original. Me ha gustado mucho el final. La amenaza que traen los alienígenas procede de nosotros mismo.. Te felicito, Jorge. Un abrazo

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    1. Me ha gustado esa frase con la que analizas el relato "la amenaza que traen los alienígenas procede de nosotros mismos". Gracias por pasarte Ana. Abrazos.

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  2. Como ya te comenté en otra ocasión, el primer relato tuyo que leí era de ciencia ficción, y me enganchó a tu blog. Aquí de nuevo te sales con una historia llena de matices que nos transporta a través de milenios, primero de una Era Antigua que termina donde termina y después, a través de la aventura de nuestro "Nostromo" particular, de una nueva Era que depara la sorpresa final. Me has recordado la factura de los grandes clásicos del género con esos humanoides esclavizados, los alienígenas cefalópodos (por que será que tantas veces hemos visto a los E.T. como pulpos, je, jeee). Un viaje detallado, concienzudo y explicado hacia nuestro final (como es habitual en tus relatos un poco más largos)y con un final impactante, con moraleja incluida sobre las consecuencias de nuestra propia irresponsabilidad. Me recuerda ese final apoteósico de Strar Trek (la primera peli) cuando la sonda Voyager se había convertido en un ser todopoderoso y con conciencia propia que buscaba a su creador, pero tú has ido más allá.
    En general, un deleite de lectura, como siempre
    Un abrazo compañero

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    1. Pues como te he leido en alguna ocasion sobre alguno de tus relatos, esta vez soy yo el que no está muy convencido del resultado final, quizás la historia y su desenlace no es muy original. Tienes razón al resaltar algunos clichés típicos en el género de ciencia ficción que quizás hacen el relato algo previsible. La idea era sorprender al lector con un final que no se adivinase durante el transcurso de la lectura, espero haber conseguido el propósito. En cualquier caso vuestra opinión es siempre la que cuenta. Un placer siempre leer tus comentarios Isidoro. un abrazo.

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    2. A mí si me ha parecido original Jorge. Yo no me esperaba ese final, desde luego. En la historia hay muchos elementos, lo que hace que no puedas decantarte hacia un final que te parezca el más previsible y eso es una baza que juega a tu favor. Por otra parte, a mí, ese recurso a clichés típicos, como tú dices, me han parecido más bien ciertos guiños a esas "pulp fiction" del siglo pasado y no me parece que quedan mal en tu relato. Te lo digo sinceramente.
      Un abrazo

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    3. No te preocupes Isidoro, son mis propias impresiones sobre el relato, ya sabes que a veces estamos mas o menos contentos con el resultado y éste, tras dejarlo reposar unos días, no me acaba de convencer. Se agradecen siempre las críticas, tanto las buenas como las no tan buenas que ayudan a mejorar y ver defectos que por nosotros mismos no somos capaces de ver, y más viniendo de alguien como tú que entiende de esto. Un abrazo.

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  3. Como fan de la ciencia ficción, reconozco tu relato como un digno heredero de todo lo que me ha hecho soñar a lo largo de mi vida, influenciándome como podrás observar en más de uno de mis relatos. Dices que no estás contento con el resultado (¿en verdad estamos alguna vez contentos al cien por cien de nuestros "hijos literarios"), pero te digo que has hecho un gran esfuerzo y que la moraleja está a la altura de aquel mítico final del Planeta de los simios. Un saludo.

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    1. He leído algunos de tus relatos de ciencia ficción y debo reconocer que son muy buenos. Esta es una aportación más a este mundo tan atrayente. Gracias por comentar Bruno. Un saludo.

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  4. No sé cómo lo haces, pero siempre logras sorprender al final de tus relatos. Por eso me gusta leer tus relatos largos, porque sé que va a haber una sorpresa final impresionante y muy imaginativa, imposible de adivinar, y te pasas el relato entero pensando en qué puede ser, deseando llegar al final, pero disfrutando de su recorrido. Y se disfruta por lo bien narrados que están, por lo fluida de su redacción y sobre todo, por lo bien que repartes la tensión, un tema que, al igual que los diálogos, te tomas muy en serio. Esto, la tensión, lo tienes dominado por completo, a mi parecer, y nos instas a pasar al siguiente párrafo y al siguiente casi con el corazón en un puño. En esta historia de ciencia ficción post-apocalíptica has hecho una enorme crítica a la humanidad, que comparto totalmente. Has demostrado lo estúpidos que podemos llegar a ser, y no solo en ''La Era Antigua'', sino también en la ''Nueva Era'', que aunque hayan cambiado al percatarse de los errores de los antiguos humanos, siguen cometiéndolos: es brutal y penoso que los humanos permitieras el acceso de los extraterrestres a su nave. Pero lo más increíble, como decía, es el final. He leído por encima algún comentario (no los he leído enteros por si revelaban algo), y he visto que dices que el final no es original. No lo entiendo. No sé por qué dices eso (a lo mejor cuando lea tus respuestas a los otros comentarios me hago una idea). Has cogido el tema de las sondas Voyager y has creado una historia de conquista alrededor de ellas muy original. A nadie se le había ocurrido esta idea antes, o eso creo, y resulta que en esencia, es algo muy simple porque está lleno de lógica. Les cedimos a los extraterrestres (si existiesen) todos nuestros datos. Es decir; les servimos la Tierra y la humanidad en bandeja.
    Un abrazo, Jorge.

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    1. Se me olvidaba. He sumado los números del año 1624 y da el número 13. ¿Coincidencia?

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    2. Uf menudo comentario tan extenso. Gracias por las molestias Ricardo. Y por los halagos, pues una de las cosas en que más empeño pongo cuando escribo un relato largo es precisamente dosificar la tensión narrativa intentando revelar al lector los datos necesarios en cada momento (siempre sin mentirle, regla de oro del escritor, pero no hay por que contarle toda la verdad jeje) y procuro buscar un final que el lector no se espere (leer un relato mas o menos largo sabiendo como va a acabar no tiene mucha gracia). Respecto a si éste es o no original debéis decidirlo vosotros, por lo visto a ti te lo ha parecido, de lo cual me alegro. Yo no quedé muy contento respecto a la originalidad porque tanto la solución de los alienígenas estilo pulpo (la guerra de los mundo H.G. Wells) como el regreso de la Voyager (como comentó Isidoro Star Trek) terminaron pareciéndome recursos ya muy manidos, cosa de la que no te das cuenta hasta que el relato reposa un tiempo y ves como lo van comentando, pero las sensaciones del propio escritor siempre son engañosas, asi que sois los lectores los que tenéis que valorarlo. Respecto a lo del número trece, me acabo de enterar ahora jejeje, casualidad. Escogí un número al azar, con la única precaución de hacer creíbles las fechas, es decir, intercalar un periodo entre la era antigua y la nueva de forma que pudiera dar unos 40.000 años de margen a penas sin evolución de la especie, que es el tiempo que tardará la Voyager en llegar a la estrella más cercana, y luego tener un año en la Nueva Era donde la humanidad pudiese alcanzar un nivel de desarrollo algo superior al actual, teniendo en cuenta que partían con mayor base de desarrollo. Gracias por comentar y por compartir. Un abrazo.

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  5. Buenas Jorge. Felicitarte por este relato en un género que yo considero muy complicado. Tienes el mérito principal de enganchar al lector. Eso lo consigues porque tienes paciencia a la hora de dosificar información, especialmente cuando en cada capítulo te vas centrando en una fase del acercamiento. En el primero, el génesis de la situación, nos has situado en la época y has retratado (muy bien) el final de la primera civilización. Es un buen comienzo, aunque no es hasta el final cuando verdaderamente descubrimos su fuerza, pues ya nos has contado quienes son los culpables del terrible final y no lo sabíamos. Muy bien por eso. El segundo, juegas con la fascinación del acercamiento, nos introduces en las mentes curiosas de nuestros tataranietos, nos enamoras de esos humanoides. Casi hasta sentí cierto erotismo en tu manera de presentarlos. Y, aunque nos olemos que no va a acabar bien (toda historia requiere conflicto), nos haces desear que sean tan buenos como aparentan. El tercero, con el magnífico salto temporal nos haces descubrir la realidad y aterrorizarnos ante lo que viene.
    Veo que has generado un debate en torno a la originalidad. Yo no creo que sea tu relato más original, pero me parece un error considerar eso un defecto. Hay relatos más originales pero no por ello mejores. Mi último relato, no lo creo nada original y sin embargo estoy contento con él. En esta historia, más allá de la figura cefalópoda, lo importante en esta historia es como genera intriga, como nos hace querer descubrir, primero para bien y luego para mal. La misma Agatha Christie hacía eso, generar ansiedad por saber la verdad. No creo que ella buscara la originalidad, sino el suspense. Esta historia me parece que tiene el mismo objetivo. Y vaya si lo consigue. A mi me tuviste en vilo.
    Gracias por el intenso rato y por el excelente relato. Te sigo leyendo cuando pueda. Un abrazo.

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    1. Bueno todo es complicado hasta que nos ponemos a ello, si no se intenta no se sale de dudas jeje. Lo que intento en este tipo de relatos es, como tú dices, manejar la tensión narrativa y la intriga, pues el género es lo que pide. En otros relatos de mayor calado o profundidad la tensión narrativa es algo más secundario. Si he conseguido mantenerte en vilo es buena señal.
      Me resulta curioso que hagas referencia al erotismo de la descripción de los humanoides pues es una sensación que buscaba a medida que escribía la escena, un acierto por tu parte hacerlo notar y que dice mucho de tu capacidad de análisis literario.
      Y sí, como indicas la idea era que la sensación de desgracia pesara sobre todo el relato, de lo contrario hubiera parecido un relato feliz y amoroso sobre el maravilloso encuentro entre dos razas, algo que no tendría ningún interés para el lector y que resultaría aburrido.
      Agradecerte también tu disertación sobre la originalidad, que era un tema que en este relato me tenía (me tiene aún) un poco mosca ;)
      La verdad que es un placer contar con lectores como vosotros, capaces de destripar un texto de esa forma, un verdadero lujo.
      Gracias por tu visita y comentario Alejandro. Un abrazo.

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    2. De nada Jorge. No te rayes con lo de la originalidad, en serio. Tú relato si tiene cosas bastante originales (las sondas, la segunda evolución del hombre parecida pero sostenible, el sistema de interrogación...). Lo que yo quería apuntar es que no hay que innovar siempre, no siempre se tiene que buscar lo más raro o lo más estrambótico sólo para que sea diferente. Si te funciona que sea un cefalópodo o que la nave sea el Voyager, perfecto. El peso de tu historia no recae en ese tipo de sorpresa, sino en el manejo de la tensión. Piensa en el Padrino, que bebe de muchos referentes y es cojonuda. Si tú bebes de Wells o de Star Trek y en tu propia mezcla original te funcionan, es meritorio. El relato funciona muy bien, no le des más vueltas...

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    3. jeje pues gracias de nuevo Alejandro. Tomo nota, viniendo de tí siempre es una opinión a tener en cuenta.

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  6. Excelente y largo relato, que he disfrutado leyéndolo con calma, como debe ser para paladear todos los detalles, y con música de ambiente de fondo (la BSO de Alien, para más señas xD) para enriquecer aún más la experiencia. Sobre el relato, he de señalarte que el tono siniestro y la ironía de la moraleja del final me han recordado poderosamente al Lovecraft de “La sombra de Innsmouth”. Me encantan este tipo de historias donde se reserva un destino trágico y sombrío a la humanidad. Otra recomendación literaria del estilo es “El misterio de las profundidades”, de John Wyndham (novela desasosegante donde las haya, y eso que no muestra “nada” hasta casi el final). En cuanto al interesante debate sobre la originalidad que habéis desarrollado varios de los comentaristas, concuerdo al 100% con lo dicho por Alejandro, no siempre escribir lo más original da lugar a una mejor historia (una idea que podemos extrapolar a otros ámbitos como la cocina o la música). Muchas veces se consigue un mejor resultado que da una vuelta de tuerca fresca a un argumento muy tratado ya (historias de invasiones alienígenas), añadiendo elementos de aquí y allá y dándole un toque personal que hace única a la narración antes que creando algo tan rompedor que puede que no guste a muchos precisamente por ese carácter tan novedoso.

    Por mi parte, te animo a que sigas escribiendo ciencia-ficción, creo que lo haces muy bien y disfruto mucho con tus relatos. Un abrazo amigo.

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    1. Gracias por tu comentario Enrique, estos debates son muy enriquecedores (valga el juego de palabras) y ayudan a centrarse sobre lo que uno escribe. Ya ves, escribo lo que se me ocurre en cada momento, ciencia ficcion, suspense, aventuras, romántica... se ve que tengo una mente muy dispersa jeje. Ahora con el torneo en TR es la propia dinámica del mismo la que me marca la pauta, y escribo cosas que seguramente de otro modo nunca escribiría. Gracias por tu visita y comentario. Nos seguimos leyendo. Un abrazo.

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  7. ¡Qué gran relato, Jorge! Impecable. Estructurado en cuatro partes lo que visualmente ayuda la lectura de relatos un poco más largos de lo habitual en los blogs. Pero cada parte con su sentido, de inicio nos sitúa al protagonista, nos ancla, luego nos habla de los Antiguos, dejándonos con el suspense de cómo esa parte se relaciona con la llegada de esos seres. Hasta que al final se explica de una manera brillante y con sentido. El tono y el ritmo narrativo muy bueno. Felicidades
    En cuanto al debate sobre los espacios comunes en ciencia ficción te cuento un secreto. Cuando escribí mi libro era algo que me atormentaba. De hecho dejé de leer ciencia ficción en esa época, ¡todo lo que leía lo relacionaba con mis historias! Creo que la explicación es psicológica, como cuando esperas un bebé y comienzas a ver carritos de bebé por todas partes. Estás tan metido en el libro que inevitablemente encuentras relaciones en todas partes.
    Como alguien es imposible que lo que escribamos no haya sido planteado antes. Con los cientos de miles de libros de ciencia ficción, series de tv, películas, etc... sería muy pretencioso creer que se pueda aportar algo no visto. Lo importante es que lo que se cuente tenga sentido y sea, sobre todo, entretenido. Aportando un enfoque personal.
    Creo que tu relato consigue esto ampliamente.
    P.D. En mi relato, el final es distinto, para nuestra tranquilidad, je, je, je... Un abrazo!

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    1. Es cierto lo que comentas David, se ha escrito ya tanto que es difícil encontrar algo en lo que se pueda ser completamente original, y sin embargo siempre tratamos de aportar algo nuestro a la historia que nos haga pensar que lo hemos conseguido. También es cierto que es imposible haberlo leído todo para saber lo que se ha escrito ya y lo que no. Te agradezco la visita y tu amable comentario, no son muchas mis incursiones en la ciencia ficción a pesar de que es un género que me atrae.
      Tengo curiosidad por saber como se encauza tu relato, por el momento ya se que el final ya es diferente. Un abrazo.

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  8. Excelente relato, Jorge. Es la primera vez que te leo y he quedado satisfecha por la historia que es simplemente inquietante. Planteas una cuestión que me he preguntado alguna vez sobre la prudencia de darle tu dirección y tus datos a un completo desconocido. Es un riesgo real.
    No es preocupante lo de los lugares comunes cuando se le da un giro sorprendente a la historia.
    Un abrazo

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    1. Sólo que en este caso le hemos dado la dirección y los datos personales a toda una raza de alienígenas. Gracias por tu visita y comentario Mirna. Abrazos.

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