domingo, 31 de enero de 2016

Trece años en éste mundo


Cuando era niña mi madre nos prevenía contra toda clase de supersticiones. Era la típica señora que daba un rodeo cuando en mitad de la acera un obrero tenía colocada su escalera. Nunca dejaba el salero sobre la mesa por temor a que alguien pudiera derramar su contenido y ni ebria de vino se le ocurriría abrir un paraguas bajo techo. Yo era la tercera de seis hermanos y todos nos tomábamos a broma sus supercherías. No podía imaginar entonces que el número trece marcaría mi vida. Quizás de haberlo sabido hubiera considerado de otro modo sus manías.

Crecí en una familia de clase humilde. Abandoné la escuela a los dieciséis años, más por apatía que por falta de capacidad para los estudios. A esa edad el mundo se ve con los ojos de los sentidos y mi caso no era una excepción. Mataba el hastío viviendo de noche y frecuentando discotecas, a pesar de las continuas desavenencias con mis padres. La falta de dinero nunca supuso un problema. Era una joven esbelta y de elevada estatura, con una hermosa melena negra y ojos verdes que según decían parecían tener un poder hipnótico sobre los chicos. Además, no me faltaba desparpajo y siempre conseguía que alguno me invitase a una copa. Me gustaba aquel ambiente, la música, el baile, el sabor del ron y sobre todo… ¡me gustaba el sexo!

jueves, 7 de enero de 2016

Los Viajeros del Espacio

Diario de a bordo del Comandante Mael Rahma. Crucero espacial Omnion. Día trigésimo octavo del año 1624 de la Nueva Era.

Primera parte.

Llevo horas encerrado en mi camarote. Tengo el cuerpo magullado y un persistente dolor de cabeza me taladra las sienes. Todavía esa sustancia pegajosa y maloliente impregna mis ropas y su hedor está por todas partes. No dispongo de comunicación con el exterior, ellos se han ocupado de cortarla. Sin embargo comprobé con alivio que la grabadora sí funciona. He decidido empezar este diario con la incierta esperanza de hacerlo llegar afuera. Quizás mi testimonio pueda ser útil algún día y al menos conseguiré matar ésta angustiosa espera.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Dulce Navidad

Ayla no le quitaba la vista de encima al Belén. Había insistido a su padre para que a pesar de todo lo montase. Aunque su familia no era cristiana, el 25 de Diciembre era Fiesta Nacional y a ella le gustaba recrear aquel pesebre cuya miseria la hacía pensar que aún había esperanza. 

Su mente volaba dos mil años atrás imaginando el momento que según le habían contado sucediera tan cerca, más allá del río Jordán.

El haz de luz diluyó la noche, un estruendo retumbó entre las colinas... y las paredes se salpicaron de rojo. Una bomba fabricada en un país muy lejano apagó los pensamientos de Ayla para siempre.

Al menos murió con una sonrisa.


NOTA: Relato escrito para el concurso de Microrelatos Navideños "La cara oculta II" (El lado B de la Navidad) del Círculo de Escritores

lunes, 7 de diciembre de 2015

El águila y la esvástica


Cuando Itzak Weiss bajó del carruaje y puso el pie sobre los adoquines que empedraban la stadtplatz de aquel pequeño pueblo, llegó a pensar que la localidad pasaría por un lugar acogedor donde disfrutar de unos días de asueto de no ser porque, ni estaba de vacaciones, ni la tarea que debía llevar a cabo le permitía abandonarse a semejante tentación.

La niebla que llegaba desde el río comenzaba a levantar su manto blanquecino por encima de los picudos tejados de pizarra que coronaban las casas, adornadas de ventanales y edificadas en recios muros de piedra. Las callejuelas adoquinadas sobre las que golpeaban los cascos de los caballos, y el constante rodar de algunos carromatos, daban al lugar ese aspecto añejo con que el paso del tiempo parece pintarlo todo en su incesante tránsito. Al fondo, la torre de una iglesia escondía su campanario entre la bruma como si el pudor de mostrarse en toda su belleza le hubiera sido inculcado por los ministros del Altísimo que predicaban entre sus paredes.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Premio "The Versatile Blogger Award"


Publico esta entrada en agradecimiento por la nominación recibida al premio "The Versatile Blogger Award" de parte de José Carlos García y su blog La burbuja literaria de J.C cuya visita recomiendo por la calidad del propio blog y de sus relatos.

Este premio se otorga por la calidad de la escritura, la singularidad de los temas tratados, el nivel de amor que se muestra en las palabras que se escriben y la calidad de las fotografías.


Pacto de Sangre

Te amo y te odio a un mismo tiempo. Llevamos años compartiendo idéntico destino pero ahora tiemblo porque mi futuro quedará ligado al tuyo para siempre.

Me asalta la duda, este Pacto de Sangre es un paso demasiado importante como para tomarlo a la ligera. No dejo de preguntarme si podría servirte de igual modo sin comprometer mi libertad, pero tú querías más y al fin lo has conseguido. No puedo vivir sin tí y a veces tampoco contigo.

Temo a los que te acompañan, en especial quien te ha dado vida y te vigila como si le fuera en ello la suya propia. Ahora será también mi cancerbero, siento como sujeta la sutil argolla que sin saber cuándo ni cómo ha conseguido cerrar sobre mi cuello. 

lunes, 26 de octubre de 2015

La procesión de las ánimas

Nací un primero de Noviembre. Mi hermano gemelo sobrevivió tan sólo un par de semanas. Madre me contó como, al bautizarme, el sacerdote confundió el óleo bautismal con el de difuntos. Mal presagio.

Han pasado veinte primaveras. Hace un mes falleció mi padre y tuve que enterrarlo en la pequeña aldea perdida en el interior de la sierra de Ancares donde me crié. Ahora, Amelia me ha hecho regresar. La que fue mi primer amor, fallecida en la flor de su juventud en un maldito accidente de tráfico. Un nuevo sepelio.

Demasiadas caras conocidas en la decrépita iglesia. Se me ha hecho noche ahogando en vino las penas con los amigos en la cantina. Enfilo el camino hacia la casa donde todavía vive mi anciana madre, un sendero lúgubre que serpentea entre los prados alejándose de la aldea.

jueves, 8 de octubre de 2015

La guerra de las dos lunas



Mi cabello se encabrita al compás de una brisa que barre la llanura. La pluma de águila que lo adorna baila también con el viento, recordando aquellos tiempos en que volaba libre surcando los cielos. Es curioso comprobar cómo cambia el concepto de libertad cuando se teme perderla, silenciosa compañera de viaje que de repente se convierte en el bien más preciado.

La ondulación de las colinas recrea mis ojos meciéndome las pupilas mientras recorren la pradera. Todavía puedo divisar a lo lejos algunas manadas de bisontes proclamando su señorío sobre los pastos, aunque cada vez es más difícil escuchar sus bramidos. 

sábado, 19 de septiembre de 2015

Balada de Juana la Loca



A principios del siglo XVI se suceden las pugnas por el trono de Castilla. Muerta la Reina Isabel y sus tres primeros herederos en la línea sucesoria, la corona recae en su hija Juana, de dudosa estabilidad mental y desposada con Felipe, apodado el Hermoso, cuya deslealtad a los Reyes Católicos es tan solo superada por su ambición de poder. Tras la muerte de Felipe prematuramente y en extrañas circunstancias, la Reina Juana abandona Burgos e inicia un peregrinaje por las tierras de Castilla arrastrando el cadáver de su esposo, con el propósito de darle sepultura en Granada. En este escenario de inestabilidad política los nobles se posicionan ante el futuro incierto que se avecina. Gonzalo de Esgueva, joven aspirante a caballero al servicio de un oscuro Señor, se verá envuelto sin quererlo en éstas luchas de poder

I


Abril de 1507, en algún lugar del páramo castellano.


Un caballo galopaba a la caída de la tarde mientras el día moría dejando trazos de escarlata pintados en el horizonte. A lo lejos la silueta del monasterio de Santa María de Escobar se erguía en medio de la nada. El jinete, enfundado por completo en gruesos ropajes negros, había dejado atrás a los últimos rezagados de la comitiva Real y se aproximaba hacia el tumulto que se agolpaba junto al portalón, en cuyo desorden se adivinaba el desconcierto. Se paró ante un mozo que sujetaba un par de caballos.

sábado, 21 de febrero de 2015

Lo que de verdad importa

Como una galaxia de violáceas supernovas los adornos pendían en el techo del centro comercial. Multitud de luces que no dejaban de parpadear parecían señalar el camino hacia las tiendas, incitando al instinto consumista de las masas. El recinto se hallaba abarrotado de clientes que realizaban sus últimas compras navideñas. Otros años había participado también de aquella explosión de júbilo, pero ahora vagaba en forma errática por los pasillos detrás de Ana, portando un cargamento de bolsas mientras ella escrutaba los escaparates en busca del regalo adecuado. Habíamos dejado a los niños durante unos días en casa de su hermana. Eso nos daba mayor libertad para disponer de nuestro tiempo y además, yo necesitaba pensar.

viernes, 20 de febrero de 2015

Obsesión

Si les hablase acerca de aquello que ha ocupado mis pensamientos en los últimos tiempos probablemente me tomarían por loco, y no les culpo, pues yo mismo he llegado a preguntarme si no estaré adentrándome sin remedio por los senderos de la sinrazón. El caso es que una idea me ronda con insistencia y me veo en la necesidad de liberarme de algún modo de mis demonios. Me pregunto hasta la obsesión que se sentirá al matar a alguien.

Aunque empiecen a dudarlo, me considero una persona normal. Tenía una profesión con la que me ganaba honradamente el pan, una hipoteca que me condenaba de por vida a trabajar para el lucro de otros pero me permitía disfrutar la ilusión de ser propietario de un pequeño piso a las afueras de Madrid, unos padres y hermanos que me querían y una novia adorable a la que veía cada fin de semana, pues por su trabajo no estaba en la ciudad los días laborables. Mi vida se hallaba sumida en la misma monotonía socialmente aceptada de cualquier individuo que ustedes puedan cruzarse por la calle y aunque tenía todo lo que se supone que un buen ciudadano puede disfrutar, no dejaba de sentir como me ahogaba la rutina desde que me levantaba cada mañana.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Beatriz

Beatriz. Tu nombre evoca en mi memoria sentimientos encontrados. Imposible olvidar esos ojos de un verde tan profundo y el cabello negro que te caía en bucles ondulados sobre los hombros. Jamás amé a nadie como a tí, jamás amaré a nadie de igual modo.

La nuestra era una relación imposible. Tú pertenecías a una familia de clase alta, fuiste educada para ser la mujer de algún rico hombre de negocios que te proporcionara un apellido de renombre y unos cuantos hijos que continuasen la estirpe de los tuyos. Yo sin embargo no soy más que un pobre desgraciado que un día tuvo la dicha de cruzarse en tu camino, y en esta sociedad del XIX levantada sobre rígidos principios Victorianos nuestro amor estaba condenado a un fracaso inevitable.

jueves, 22 de enero de 2015

Artemisa, el regreso a la Luna

Prólogo.

Hacia la mitad del siglo XXI el planeta azul llamado Tierra era un lugar convulso. Corrían aires de cambio y el viejo orden mundial que había prevalecido desde finales de la Gran Guerra parecía resquebrajarse. Nuevas potencias pujaban por desbancar a las antiguas y la China destacaba sobre todas ellas, disputando la hegemonía a los ya decadentes Estados Unidos de América.

Para demostrar al mundo de lo que era capaz, el Gigante Asiático se había embarcado en un programa de misiones a la Luna cuyo objetivo era colocar en un futuro próximo a sus astronautas sobre la superficie del Satélite, con una ambiciosa visión comercial que pretendía establecer los principios para la explotación de sus recursos minerales. La respuesta no se había hecho esperar y los Americanos se lanzaron a la carrera por arrebatar a la nación del Dragón Rojo el primer puesto hacia la dominación Selenita, evocando los peores tiempos de la Guerra Fría.

Perdidos en el Everest



I

Si alguien me preguntase por mi profesión, la palabra que mejor vendría al caso sería aventurero, suponiendo que semejante actividad pudiera definirse como tal. Ya desde muy joven me gané la vida recorriendo los lugares más inhóspitos del planeta, de la Antártida a la exuberante Amazonia, pasando por las desoladas estepas centroasiáticas o los desérticos paisajes del Sáhara. Viajaba tanto integrado en alguna expedición como en solitario y vendía los relatos o las fotografías de mis aventuras a cualquier semanario que quisiera pagar por ello. Esa era la vida que había elegido, siempre inquieta, a veces solitaria, carente de algo a lo que llamar hogar, pero sin embargo... libre.

En los últimos meses había hecho algún dinero ejerciendo como guía de trekking por los Himalayas y aproveché la ocasión para realizar un reportaje fotográfico sobre las gentes del lugar, cuya publicación tendría ahora que negociar. Aquella última noche no pude conciliar el sueño y tras un breve paseo por las calles de Katmandú pasaba las horas sentado en una taberna, sujetando una jarra de cerveza cuyo contenido menguaba a la par que mi inquietud se desvanecía. Al día siguiente tomaría un avión rumbo a Washington para reunirme con mi contacto en la National Geographic Society, y la vuelta a la civilización me causaba siempre el mismo desasosiego.