No
soportaré que este viernes sea el último en que vea la luz de tus ojos. Concédeme
un día más, al menos otro.
¿Qué
se siente cuando se va parte de uno mismo? No es una metáfora, ni una frase ocurrente.
Estoy condenado a averiguarlo, temiendo a cada instante un para siempre. Y juro
que me revienta por dentro.
No
te mueras esta noche. El día se adivina desangelado, y tengo miedo.
Jamás la soledad se ha burlado de mí de esta manera, y eso que conozco bien su rostro. Porque hasta ahora, nunca faltaste. Y no estoy seguro, maldita sea, de saber caminar sin ti, sólo con ella.
