domingo, 12 de abril de 2026

El mar en su mirada

    Hay días que se deshacen anegados en tristeza, y este catorce de abril es uno de ellos. Incluso el cielo, que amaga con dejar caer el orballo tan típico de estas tierras, parece querer sumarse al duelo. Procesionan los coches hacia la iglesia de la Inmaculada, apodada de los Picos por su techo en forma de estrella, y los féretros se trasvasan desde los vehículos al interior del templo; rostros compungidos, algún que otro llanto y tanta inocencia truncada que hasta duele el alma. Hay días que amanecen con la promesa de ser olvidados, pero este sábado negro quedará, ya para siempre, en el recuerdo imperecedero de una ciudad.