viernes, 12 de enero de 2018

Un chico sincero (Parte II de II)

Luces de colores en el firmamento estrellado, los últimos éxitos del momento a todo volumen machando los oídos, cuerpos rozándose entre codazos y empujones en un espacio saturado, copas de hielo y alcohol protegidas con manos delicadas. Pasión en las miradas, a veces deseo, otras desconfianza, sonrisas de postín y sombra de ojos disimulando la falta de sueño, abismos de pupilas en los que se refleja la ausencia. Palabras deshinibidas, carcajadas que desalojan penurias y frustraciones, desconocidos que se conocen de toda la vida tan sólo por una noche. Camisetas ajustadas y faldas cortas, tacones demasiado altos que no alcanzan para tocar el cielo, efluvios de perfumes caros, chutes de endorfinas, sensaciones artificiales en forma de aspirina pero menos inofensivas. Caricias furtivas, cazadores sin licencia y gacelas esquivas, besos que dejan una impronta de rojo carmín con sabor plástico. Ángeles de otros mundos con mundanos escotes detrás de una barra, que te venden por una noche el olvido.

El lugar perfecto para dimitir de uno mismo por unas horas, un parón en el rotar incansable de los días que Julio necesitaba como el respirar. Los tres amigos habían entrado en el local tras dejar la ropa de abrigo en el ropero. Reme se dirigió al cuarto de baño para retocarse el maquillaje, al menos en la penumbra y con la adecuada capa de artificialidad podría lucir deseable, pensó, mientras no se viese obligada a separar los labios; no sólo a causa de sus desalineados piñones, sino porque Reme tenía un gripazo de aúpa y su voz sonaba como la de Constantino Romero doblando al legendario Darth Vader. Aun así había insistido en acompañar a sus amigos. Carlos se dio una vuelta por la pista oteando el horizonte y Julio se dirigió derecho a la barra. Era la rutina acostumbrada, en unos minutos los tres volverían a juntarse.

Las camareras se movían nerviosas, sobrepasadas por la afluencia de jóvenes que esperaban su turno. A Julio no le gustaba hacer cola, le ponía de mal humor y eso no era bueno. Pero no lo quedó más remedio. Al fin una de las chicas, con el pelo surcado de mechas en violeta, hizo un gesto para que pidiese la consumición. Se conducía de forma torpe, como si su lugar natural estuviese del otro lado de la barra. Tal vez fuese su primera vez.

Ginebra.

La chica puso cara de no haberse enterado y se inclinó hacia adelante dejando ver los encajes del sujetador negro.

¡Ginebra! —insistió Julio, cayendo en la cuenta que el barullo sobrepasaba el tono de su propia voz.

¿Nos conocemos?

Creo que no —Julio trataba de hacer memoria.

¿Qué quieres entonces?

Ginebra —insistió.

Ginebra soy yo.

¿Cómo?

¡Que me llamo Ginebra!

¿Cómo la mujer del Rey Arturo?

Como en “Tengo ganas de ti”. Mario Casas y Clara Lago.

No la he visto.

La muchacha no escuchó la respuesta. Se volvió y comenzó a llenar un vaso de cubitos de hielo.

Te beberé a tu salud.

A ver si te vas a atragantar.

¡Borde!

Haciendo equilibrios con la copa Julio se internó en la selva plagada de cuerpos. La música retumbaba en cada milímetro de su ser con una cadencia rítmica y pegadiza. Hasta llegar a un claro en la espesura estuvo a punto de pisar tres o cuatro pies y perder el preciado tesoro que sostenía entre las manos. Entre los flashes multicolores que azotaban los rostros pudo distinguir uno familiar. Trató de recordar su nombre pero no conseguía rescatarlo del fondo de su memoria. Sólo sabía que no hace tanto tiempo coincidían en algunas clases en la facultad de periodismo. Era rubia, de mediana estatura y tez blanca. Y muy guapa. Se preguntó si ella lo recordaría también. Después de todo Julio era un muchacho bien parecido de porte atlético y cuerpo trabajado en el gimnasio.

¿No te llamarás Ginebra, como la camarera?

Ah, tú eres… espera que hago memoria… ¿Carrascosa, no? —dudó la chica.

Julio, mejor.

Eso, Julio Carrascosa, te perdí la pista al acabar la carrera.

Ya ves, el mundo es un lugar pequeño… ¿Bárbara? —al muchacho se le acababa de iluminar la mente.

Babi para los amigos —sonrió —Como en “A tres metros sobre el cielo”. Mario Casas y María Valverde.

A Julio se le antojó que esa noche algún duende cinematográfico se había confabulado en su contra. La mirada se le engarzó en el top rosa que cubría el torso de la muchacha, aunque para ser justos había que reconocer que dejaba ver más de lo que tapaba.

¡Menudas tetas!

¿Perdón?

Eh… ¿Cómo te ha ido en todo este tiempo?

Bueno, bien, viajando mucho. Llevo seis meses en el canal de televisión local. ¿Y a ti?

No me puedo quejar, la verdad es que he cambiado de trabajo bastante.

Espero que para mejor.

Claro, claro, nunca hay que conformarse.

Me gusta la gente inconformista.

Y a mí me gustaría ponerte mirando para Cuenca.

El sonido del bofetón quedó tan sólo parcialmente acallado por el volumen de la música. A Julio se le derramó la mitad de la copa sobre la camisa y por si eso no fuera poco, en un gesto de desprendimiento la chica vertió lo que quedaba de la suya por encima de la cabeza del muchacho. Cuando Reme lo encontró no pudo evitar reírse a carcajadas a pesar de intentar contenerse.

¿Pero qué te ha pasado?

Me temo que la he fastidiado otra vez —el tono en la voz de Julio sonaba tan desolador que a Reme le dio pena.

Pareces un pollo mojado.

Parezco un idiota.

Menos dramatismo, habíamos venido a olvidarnos de los problemas, ¿recuerdas?

Es que yo soy el problema, Reme.

Anda vamos, a ver como arreglamos este desaguisado.

Remedios lo condujo hasta el baño de mujeres. Sacó unos pañuelos del bolso y delante del espejo de uno de los lavabos comenzó a limpiarle la camisa con tal ímpetu que por momentos le hacía daño. Una chica con coletas a lo Pipi Calzaslargas pasó a su lado dirigiéndoles una mirada extrañada.

Nunca se acabará esto.

Se acabará, cuando menos lo esperes. Dentro de unos años nos reiremos.

Qué fácil lo ves todo.

Escúchame, pedazo de idiota. Puedes pasarte los días quejándote o puedes aceptar las cosas como son y tratar de mejorarlo. Para lo segundo cuenta conmigo, en lo primero estás solo. Tú decides.

La mano enérgica la chica seguía restregando cada vez con más fuerza, como si además de limpiar la ropa quisiera llevarse también la morralla acumulada en su alma. Julio la sentía jadear por el esfuerzo, pegada contra su cuerpo. Los consejos de Bermúdez se agolpaban en su mente. Apretó los puños y contuvo la respiración.

¿Te he dicho alguna vez que eres más fea que un congrio?

Sí, me lo has dicho.

¿Y que siempre pensé que con esos dientes, el día que besaras a alguien le ibas a arrancar media boca?

Eso no me lo has dicho, pero ya lo supongo.

Y a pesar de todo eres la persona más encantadora que he conocido. Y te quiero.

Remedios dejó de restregar y levantó la vista. En sus ojos negros temblaba un brillo extraño. Julio se descubrió extasiado ante la belleza de aquella mirada, jamás hubiera pensado que belleza y Reme pudieran coexistir en un mismo pensamiento, y sin embargo allí estaban. La chica se puso de puntillas y su rostro se acercó al suyo, un moco inoportuno le bailoteaba en la punta de la nariz. Julio sólo tuvo tiempo de ver como unos incisivos desalineados entraban en rumbo de colisión con sus labios.

Reme… ¿Qué… que haces? —balbuceó.

Tú calla y bésame, que ya te explicaré.

La boca le sabía a una mezcla de Ventolín y chicle de menta.

¡Eh, podíais cortaros un poco! —dijo una joven al pasar a su lado.

Córtate tú, pero las venas.

El tiempo se detuvo durante un lapso inconcreto en aquel baño de mujeres. La música llegaba amortiguada desde la sala. Sonaba “Motorway” cantada por la dulce voz de Anni B. Sweet. Julio desconocía que pertenecía a la banda sonora de un film que lo había rondado como una mosca cojonera durante toda la noche, pero de haberlo sabido no le hubiera importado. Tampoco que ni aquella historia de amor imposible ni sus personajes de postín poco tuvieran que ver con la que estaba viviendo en aquel momento. 

Julio sólo sabía que por una vez, podía acariciar la felicidad.

**********

De un día para otro Doctor. Como si nunca hubiera estado ahí.

No deja de ser una buena noticia, aun teniendo en cuenta lo poco ortodoxo del método. Supongo que el shock emocional produjo alguna especie de cortocircuito en tu cerebro que obró el milagro.

Bermúdez enarcó las cejas mientras su ceño se fruncía sobre aquella pista de aterrizaje desprovista de cabello.

¡Por fin me siento libre!

Los resultados de las pruebas parecen normales. Pero tendremos que mantenerte en observación durante un tiempo para darte el alta definitiva. La psicología tiene sus propios tiempos, recuerda Julio.

Claro, claro, Doctor.

Y dicho esto, tenemos que tratar sobre… ejem… mis honorarios. No quiero parecer inmodesto pero lo bueno se paga más caro.

El médico le extendió una factura cuidadosamente detallada. Julio se tomó un tiempo para desgranarla mientras su rostro iba cambiando de color.

Doctor.

Dime, Julio.

El muchacho lo miraba fijamente a los ojos. Pasaron un par de segundos interminables. 

¿Nunca le han dicho que es usted un auténtico …








21 comentarios:

  1. Pues de miedo nada (me remito a tu respuesta a mi comentario a la primera parte del relato), Jorge, es sólo que me gusta leer los finales para opinar de todo en conjunto, ya sabes, hay veces que las cosas empiezan bien y luego se tuercen, o al revés, puede comenzar algo flojo y alzar el vuelo al final... No es tu caso, desde luego, aunque la verdad es que me gusta más esta segunda parte, me quedo con el todo el lote, jajaja. De aquí destaco esa estupenda descripción de la noche en un local abarrotado, además de los toques de humor que has ido incorporando hasta en la escena clímax del baño. Julio ha salido bien parado, e imagino que su relación con Reme irá viento en popa a toda vela, puesto que ellos no son "desconocidos que se conocen de toda la vida tan sólo por una noche". Muy bueno, Jorge, ¡moitos bicos! ;)

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    1. La verdad es que cuando planteé la historia pensé en un relato de humor, y al final creo que me ha quedado más de amor que de humor, no se es un cuento un poco raro él. Julio ha salido bien parado excepto por su cartera que creo que va a menguar un poco. Te agradezco tu comentario Eva, bicos!

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  2. Hola Jorge, debo confesarte que he hecho trampa porque me he leído los dos capítulos juntos. No quería opinar antes de llegar al desenlace. Conozco tu habilidad para el suspense y para los giros de la trama. La verdad es que es un cuento que realmente me fascinó. Tiene humor, unos personajes muy bien conformados, y esos diálogos maestros con los cuales modelas a gusto. Un relato que comienza con una atmósfera que apunta a ser intimista, psicológica, y luego pasas a un plano más afectivo, distendido, de gran dinámica, y con cierre perfecto. Uno no se preocupa por saber si ese comportamiento está catalogado por la psicología o no, solo se deja llevar por el camino que nos lleva el autor. Muy buen trabajo, Jorge, mis felicitaciones. Te mando un gran abrazo.
    Ariel

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    1. De trampa nada Ariel, así tengo el punto de vista de alguien que se lo ha leído entero jeje. Es un cuento en mi opinión de trama ligera y sin muchas complicaciones, lo cual no quiere decir que no lleve su trabajo, pero de todo hay que escribir. Los diálogos he de decir que últimamente tiendo a darles mayor velocidad y creo que así se leen mejor. El final como dices termina bien para los protagonistas, aunque la verdad no deja de ser un final típico de fueron felices y comieron perdices, en general suelo huir de los finales tópicos pero en este caso no fue así. Gracias por comentar Ariel, tus apreciaciones son siempre valiosas y las tengo muy en consideración. Un abrazo!

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    2. Por cierto me queda una duda. El relato contiene referencias y expresiones que no sé si se entenderán al otro lado del Atlántico, como las dos películas, los actores, o esa expresión de mirando para Cuenca que supongo que no se dice por ahí. Espero que se haya entendido todo más o menos bien :)

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    3. Los datos que se mencionan y las expresiones no traban la comprensión del texto, uno las puede saltar sin perder el sentido general de lo que se está contando. Ahora, si el lector es un porteño curioso como yo, no tiene más que colocar el dato o el localismo en Google para completar los detalles (en el caso particular de “Poner mirando pa' Cuenca" se va a encontrar con una sorpresa interesante, je je, por lo menos yo no conocía el significado de esta expresión).
      Por lo general, con tus textos funciona a la perfección, aunque debo confesarte que hay algunos compañeros de algunas provincias de tu comunidad, que escriben con localismos y formas de decir muy difíciles de buscar en Internet y, en algunos casos impiden seguir leyendo para poder entender el relato. En algunos casos, hasta nos obligan a buscar referencias históricas.
      Yo estoy muy acostumbrado ya que la mayoría de los compañeros que leo son españoles y no me molesta en absoluto, al contrario, me produce curiosidad, me interesa. Es como si, literalmente estuviera leyendo algo en otro idioma. Me pasa en menor medida con los centroamericanos y muy poco con los sudamericanos. Supongo que a los españoles les pasará lo mismo con los argentinos, porque también por aquí están los que escriben con muchas expresiones de fuerte raigambre local, algunas que pertenecen al lunfardo, al lenguaje marginal o tumbero, u otros términos que se utilizan en otras provincias que, aún siendo palabras de lenguas aborígenes son de uso coloquial y corriente.
      En el caso de tu relato, según mi humilde opinión, ni siquiera es necesario que coloques un glosario, cualquier sudamericano lo podrá leer sin dificultad.
      Un abrazo.
      Ariel

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    4. La verdad es que al escribirlo pensé que los compañeros latinoamericanos que entráis al blog tendríais dificultades para entender algunas cosas. Me alegra que en tu caso no haya habido problema, aunque sé de tu curiosidad y que no te quedas con las ganas de saber. Mira, al menos ha valido para conocer lo que significa mirando para cuenca jeje. Gracias por tu generosa aclaración Ariel. Un abrazo.

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  3. Muy bueno, Jorge. Ya me estaba temiendo que Julio se volviera un diplomático redomado después de curarse, pero ya veo que el prestigioso psicólogo no se va a librar de su ración de verdad. En serio, a pesar de que, como dices, la trama podía decirse que es más ligera que otros relatos tuyos, no desmerece de ellos. Los personajes están muy bien construidos, sobre todo el de Julio. Además, el humor es mucho más difícil que el drama. Llegar a la gente y arrancarle una sonrisa no es nada fácil y a mí me has hecho reír, y lo más difícil en una historia de humor, son personajes creíbles, no caricaturas. Enhorabuena, Jorge. Me ha encantado.
    Un abrazo muy fuerte

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    1. Ya ves Ana que el psicólogo se lleva la peor parte en esta historia, lo siento porque tú formas parte del gremio, no es nada personal jeje. Como he comentado por ahí, esta historia que estaba planteada como humor al final se ha quedado en algo intermedio entre el humor y no se qué, pero si te ha hecho reir me doy por satisfecho (me da además que tú eres de risa fácil, lo cual es bueno). Un beso Ana.

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  4. Es verdad, Jorge, desconozco a los actores y ciertas expresiones, pero se entiende igual e imagino lo que significa lo de "Cuenca". Me vino muy bien que la trama fuese más ligera, mi mente funciona a medias, lo que no quiere decir que el relato carezca de contenido, es ágil, con humor e ironía.
    Me encantó la descripción del inicio, visible y casi audible. Está muy bueno el desarrollo y la fusión entre el humor y el amor se vuelve placentera.
    Un trabajo impecable.
    Abrazos, Jorge.

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    1. Pues imagina Mirella, yo, por decoro, no lo desvelaré en esta entrada ;) Muchas gracias por tu comentario y visita Mirella. Ya verás como la mente poco a poco va cogiendo su ritmo habitual. Un abrazo.

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  5. Según te leía estaba pensando que la sinceridad patológica de Julio era un serio impedimento para ligar, pero al final resultó que no. Con Reme funcionó.
    Un texto ligero y divertido, enhorabuena. Y ese final con puntos supensivos ha sido muy elocuente.
    Besos.
    P.D. En el tercer párrafo se te ha colado un "Julio" con minúscula.

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    1. Corregido el Julio, Paloma, gracias por avisar. La sinceridad de Julio era un impedimento para casi todo pero al final como dices con Reme le salió bien, espero que sean muy felices. Respecto al final, cada cual que termine la frase como más le guste jaja. Un beso.

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  6. Me han gustado las dos partes. Hay humor y aunque parece que este chico las suelta bien, con descaro, ni se libre de una buena bofetada. El amor surge con la mirada y a veces es lo que funciona. El final con la factura del doctor ya será otra cosa, por que da la sensación que no ha funcionado la terapia. Un abrazo

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    1. Es un misterio como puede surgir el amor, es cierto que a veces con una mirada basta. El psicólogo me parece que es incapaz de admitir que el chico pueda curarse por otro motivo que no sea su intervención. Un abrazo Maria del Carmen.

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  7. Estupendo relato, Jorge. Lo bueno de llegar un poco tarde es que puedes leer todo del tirón sin tener que esperar :))
    ¡Menudo problemón tenía tu prota! La verdad es que yo me estaba poniendo en su lugar y no sé si habría tenido tanta presencia de ánimo. Suerte de amigos incondicionales... ¡y de profesional competente! :P
    Me ha gustado especialmente la primera parte de esta segunda parte, esa descripción detallada y original del local nocturno, con toda su fauna en esplendor y el ambiente "festivo".
    Un saludo y feliz comienzo de semana.

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    1. Pues si Julia, no me gusta cortar un relato a no ser que sean varios capítulos, pienso que se pierde continuidad, pero para meterlo todo en una entrada quizás era excesivo. Agradezco el esfuerzo de haberte leído las dos entradas de un tirón. Si he conseguido que te pongas en el lugar de Julio ya he conseguido algo. Un saludo y gracias por tu visita.

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  8. Como ya se ha comentado, a mí también me gusta más esta parte, quizás porque incluye el desenlace, ja, ja. Muy bueno el tratamiento humorístico y la ambientación.

    Ese primer párrafo en especial (aunque todos los descriptivos son buenos), tiene frases que se nota te has currado una por una. Todas en el mismo párrafo suponen arduo trabajo, je, je. “Desconocidos que se conocen de toda la vida tan solo por una noche”, “tacones demasiado altos que no alcanzan para tocar el cielo”… En fin, una larga y poética entrada que podría ser la letra para una canción de Sabina.

    Genial la idea de usar las referencias cinematográficas (la peli que sirve de presentación a las chicas o de banda sonora para el momento “clímax”, o incluso la voz de Reme, a lo Constantino Romero) Tu pasión cinéfila se filtra en muchos de tus textos.

    Me gusta el desenlace (aunque sea un “happy end”, ja, jaaa), pero sobre todo me gusta ese epílogo en la consulta del doctor… Si es que, hay veces que uno tiene que soltar lo que piensa, je, je.

    Ah, bueno, para que no digas que exagero, te voy a poner una pega (si es que así se puede llamar, que lo dudo):

    No me extraña que la camarera pensase que la llamaba por su nombre… No es costumbre que alguien se dirija a la barra y pida la consumición por su genérico y así, a palo seco, sin combinado, ja, jaaaa. Este Carlossss. Bueno vale, ya sé que has necesitado utilizar este recurso para dar pie… y, aunque me ha sonado rarito, entiendo que era necesario. Además, todo el ambiente de la sala está muy bien conseguido.

    Hasta la próxima paisano, un abrazo

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  9. Hola, Jorge. No dejaría aparcados a Julio y el psiquiatra. Creo sinceramente que es una pareja que tiene un gran potencial para una serie de historias o tal vez una novela. Lo que más me ha gustado son los diálogos, punzantes, irónicos, naturales... Muy en la línea del género negro más delicioso. También destaco ese recurso de reiteración con las referencias al cine. Es de esas cosas que dan continuidad a la narración, pequeños detalles que no son importantes pero denotan trabajo narrativo. Me encantó. Lo dicho no pierdas de vista a estos personajes porque pueden darte bastantes alegrías. Un abrazo!

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  10. ¡Qué buena la ambientación en la selva de la noche urbana! Se te da bien la descripción del artificio y las luces ficticias. Es la parte que más me ha gustado del conjunto del relato.
    La Reme sí que sabe, me cae genial, y ella sí que es sincera y no el capull… de Julio, ahora bien, espero que la moraleja del cuento no sea la de ponga una fea en su vida y se acabarán sus complejos.
    No, en serio Jorge, el tono ligero, algo guasón, con los diálogos cortos y chispeantes le va como dedo al anillo, o al revés.
    No es tu estilo habitual. Está bien escribir y ejercitarse fuera del corsé de la zona de confort, suelta la pluma y hace que escribas relajadamente.
    Un abrazo Jorge, y ¡abrígate!

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  11. Hola Jorge, resuelto el misterio y bien resuelto.
    Te ha quedado un cuentro ligero con un punto irónico que me ha gustado. La de problemas que trae esa sinceridad incontrolada, aunque el hombre es un pelín cruel con sus semejantes ;)
    Y de acuerdo con los comentarios que me preceden los diálogos son muy frescos y hacen muy ágil la lectura.
    Un abrazo

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