lunes, 19 de febrero de 2018

El Incidente Cooper. Capítulo II: El Proyecto Aurora

En pocos días la casa del general Cooper se transformó en un centro de operaciones. El alto mando había considerado la posibilidad de trasladarlo a un hospital militar, pero por deferencia a su rango se decidió que pese al mayor coste se trataría de trastocar su rutina lo menos posible. Entonces no lo sabíamos, pero aquel fue el primero de muchos errores.

Los equipos electrónicos se instalaron en una habitación amplia en el ala sur de la mansión, a donde se llevó su cama y cuanto fuese necesario para que estuviese cómodo. Junto con toda la parafernalia se alojó también un operario encargado de las cuestiones técnicas. Dos médicos se turnaban para permanecer en todo instante junto al general vigilando sus constantes vitales, ambos eran expertos en sus campos respectivos y llegado el momento serían cruciales para la monitorización del proceso. Todos los integrantes del equipo ostentaban rango militar y habían tenido algún tipo de contacto con Cooper previo al Proyecto.

Engrosaban además el operativo más de diez escoltas que vigilaban estratégicamente el perímetro, no dejando acercarse a nadie sin autorización. El brigadier George Brown fue asignado para supervisar la operación, convirtiéndose en los ojos del alto mando y en el militar de mayor graduación al cargo. Llegó un par de días después e instaló su despacho en la planta baja, no lejos de la habitación donde descansaba Cooper.

martes, 13 de febrero de 2018

El Incidente Cooper. Capítulo I: Un salón en penumbra

Mi nombre es James Kaufman y desde hace ocho años soy Coronel en la Reserva del Cuerpo de Marines.  Hace casi el mismo tiempo que preciso de medicación y asesoramiento psicológico para poder afrontar lo que hemos dado en llamar vida, aunque en lo que atañe a la vida y la muerte mi concepto de ambas posiblemente tenga poco que ver con el de ustedes.

Después de mi participación en el Proyecto Aurora, que más tarde y a tenor de los acontecimientos que se dieron por aquellas fechas pasaría a conocerse en los archivos militares como el Incidente Cooper, no pude seguir vistiendo mis galones como si nada hubiera sucedido. 

No albergo la esperanza de que estas líneas que escribo recluido en mi casa de campo, puedan ser alguna vez publicadas. Al menos no mientras yo viva y probablemente tampoco después de mi muerte y si así fuera, quienes leyesen este documento a buen seguro no se tomarían los hechos en serio. En cualquier caso no tengo ninguna duda que desde muy arriba se haría todo lo posible para hacerlo pasar por las elucubraciones de un loco. Sea como fuere, siento la necesidad de desahogarme sobre un papel para exorcizar mis miedos, para purgar mi culpa y la de todos esos que siguen aún ciegos, escudados tras el nombre de la tan sacralizada Patria. 

miércoles, 24 de enero de 2018

Niña de ojos tristes

Contemplas el mundo, niña de los ojos tristes, a través de esos cristales enmarcados en una montura dorada. Un mundo que ha cambiado desde la última vez en que pudiste aventurarte por sus confusos senderos. O quizás no haya cambiado tanto, pero a ti te lo parece.

Respiras de nuevo el aire entumecido con el rancio humo de los tubos de escape, mas esa atmósfera viciada te sabe a libertad en los pulmones. Hace calor, el verano resplandece exhibiendo sus mejores galas y sudas bajo tus amplios ropajes.

Pronto verás de nuevo rostros familiares, lo poco que todavía te mantiene apegada a ese mundo del que hace años desertaste. Pero no sueñes demasiado, niña de triste mirada, pues ni ellos ni sus vidas forman ya parte de la tuya.

viernes, 12 de enero de 2018

Un chico sincero (Parte II de II)

Luces de colores en el firmamento estrellado, los últimos éxitos del momento a todo volumen machando los oídos, cuerpos rozándose entre codazos y empujones en un espacio saturado, copas de hielo y alcohol protegidas con manos delicadas. Pasión en las miradas, a veces deseo, otras desconfianza, sonrisas de postín y sombra de ojos disimulando la falta de sueño, abismos de pupilas en los que se refleja la ausencia. Palabras deshinibidas, carcajadas que desalojan penurias y frustraciones, desconocidos que se conocen de toda la vida tan sólo por una noche. Camisetas ajustadas y faldas cortas, tacones demasiado altos que no alcanzan para tocar el cielo, efluvios de perfumes caros, chutes de endorfinas, sensaciones artificiales en forma de aspirina pero menos inofensivas. Caricias furtivas, cazadores sin licencia y gacelas esquivas, besos que dejan una impronta de rojo carmín con sabor plástico. Ángeles de otros mundos con mundanos escotes detrás de una barra, que te venden por una noche el olvido.

martes, 9 de enero de 2018

Un chico sincero (Parte I de II)

Julio Carrascosa estaba sentado frente a la espaciosa mesa de trabajo, del otro lado el Doctor Bermúdez terminaba su sesión semanal con el muchacho. Era el suyo un caso difícil, una rareza de esas que se tenía la suerte, o la desgracia dependiendo la paciencia del profesional con el que topase, de encontrarse una única vez en toda una carrera. Pero aunque Bermúdez se hallaba ya en la recta final de su dilatada trayectoria, la dolencia representaba un reto en el que volcaba todos sus esfuerzos con la ilusión de un primerizo. Tras las gafas de montura de pasta que disimulaban unas cejas en exceso pobladas el médico repasaba las notas con que había llenado el cuaderno esa tarde. De vez en cuando se rascaba el pelo encanecido que a ambos lados de la cabeza delimitaban su prominente calva.